lunes, 20 de noviembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución del Hombre, el Pensador (V) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)



*       El hombre está hecho a imagen de Dios, y por eso debemos verlo reflejarse en la triple naturaleza del Logos. Debe demostrar inteligencia, expresar amor y manifestar voluntad..



*          "El hombre es el ser en que el supremo espíritu y la ínfima materia están vinculados por la inteligencia. Esta definición describe al hombre como el punto de convergencia de las tres líneas de evolución: el espíritu, la materia y el intelecto vinculador. Unifica el yo y el no-yo, mediante la relación entre ambos. Es el conocedor, lo conocido y el conocimiento. ¿Cuál es, pues, el propósito del intelecto y del conocimiento? Con toda seguridad su propósito consiste en adaptar la forma material a las necesidades y exigencias del espíritu inmanente".


*          La evolución de la materia se desarrolla gradualmente, siendo a su vez complementada por la lenta acción de la interna cualidad subjetiva de la vida de Dios, cuya esencial naturaleza queda así demostrada. Primeramente, tenemos un aspecto, luego otro y finalmente un tercero, teniendo así la maravillosa combinación y consumación, el ser humano, que sintetiza los tres aspectos y es la totalidad de los divinos atributos, aunque todavía muy embrionarios, y que debe repetir en su ciclo evolutivo el idéntico proceso seguido por el átomo. Así como el átomo sigue su curso interno y posteriormente debe ser atraído por otros átomos, para fusionarse y mezclarse y formar un grupo, análogamente el átomo humano debe hallar el lugar que le corresponde dentro de una forma mayor.



*        “En las primeras etapas de la evolución humana, que podríamos llamar atómica, el hombre reconoce gradualmente que es una unidad autoconsciente, con individualidad propia. A medida que la vida transcurre, el hombre pasa de la etapa atómica a otra superior y mejor, donde reconoce sus relaciones grupales, se da cuenta que tiene responsabilidades grupales y debe desempeñar funciones con otros átomos. Empieza a hacerse sentir la conciencia grupal. Así el átomo humano encuentra su lugar en el grupo, en la unidad mayor a que pertenece, y comienza el aspecto amor. El hombre ha pasado de la etapa atómica a la etapa de la coherencia grupal. Posteriormente llega a la etapa en que se da cuenta de que no sólo tiene responsabilidades con el grupo, sino que existe algo mayor, tiene conciencia de que es parte de una gran vida universal, subyacente en todas las agrupaciones; que no es un átomo universal ni tan sólo parte de un grupo, sino que al sumergirse en el grupo sin perder su identidad, el grupo mismo debe fusionarse nuevamente con la conciencia de esa gran Identidad, la síntesis de todo. Así llega a la etapa final de la inteligente apreciación de la divina unidad.”



*          “¿cuál es la meta para cada uno de nosotros? ¿Cuál la de estos diferentes átomos de los que nos ocupamos? Las antiguas Escrituras orientales dicen que la meta del átomo de la sustancia es la autoconsciencia. ¿Cuál es, por lo tanto, la meta del átomo humano que ya es autoconsciente, se ha individualizado y se guía a sí mismo por medio de su voluntad? ¿Qué tiene el hombre por delante? Sencillamente la expansión de su conciencia hasta incluir la conciencia de la excelsa Vida o Ser, en cuyo cuerpo es una célula..” 


*          “Si aceptamos que el hombre es una célula, en una esfera mayor, ¿no sería posible la existencia de una conciencia que fuera para el hombre lo que su conciencia es para las células de su cuerpo? ¿No sería posible que nuestra meta inmediata fuera obtener esa conciencia, en el mismo sentido en que el átomo de la sustancia tendrá que lograr algún día la conciencia de un ser humano?



*          “Tenemos cuatro estados de inteligente actividad que podemos o denominar: conciencia, autoconsciencia, conciencia grupal y conciencia de Dios, que se manifiestan respectivamente mediante los cuatro tipos de átomo: primero, el átomo químico y todas las formas atómicas; segundo, el átomo humano; tercero, el átomo planetario, y, finalmente, el omniabarcante átomo solar. Animando a estas formas atómicas, podemos ver la manifestación de todos los tipos de vida subhumana, desde la vida del átomo de la sustancia, hasta la vida animadora de los animales superiores; luego esa vida denominada humana, el hombre, el pensador; después el Hombre celestial, y, finalmente, la excelsa Vida del sistema solar, que los cristianos denominan Dios o Logos.”

sábado, 4 de noviembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución del Hombre, el Pensador (V) (Alice A. Bailey) (*)



Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


FUNDACIÓN LUCIS TRUST
Ir al Primer Capítulo 
Ir al Segundo Capítulo
Ir al Tercer Capítulo
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LA EVOLUCIÓN DEL HOMBRE, EL PENSADOR 

CUARTA CONFERENCIA

Esta es la cuarta de una serie de conferencias dadas este último mes, y por su intermedio se tendrá una idea de uno de los fundamentales principios de la evolución, viéndolo actuar en el sistema solar.

Recapitulemos brevemente lo expuesto, a fin de encarar el tema de esta noche con ciertas ideas claramente formuladas. Vimos que la interpretación del proceso de la naturaleza implica un concepto triple que concierne a los aspectos vida y sustancia y a su estrecha interrelación mediante la facultad de la inteligencia, manifestándose como grado de conciencia. Dicha interrelación producirá finalmente la perfecta expresión (por medio de la materia) del consciente propósito de alguna entidad interna. Trato de destacar que mi objetivo es presentar una hipótesis y sugerir que quizás contenga el germen de una posible verdad, y que para algunos parece ser la forma más clara de explicar el misterio del universo. Vimos que las tres partes de un gran todo son:

Espíritu o Vida, manifestándose por medio de un segundo factor llamado sustancia o materia, que utiliza un tercero, la inteligencia. En la gradual síntesis de los tres aspectos componentes de la Deidad puede verse la evolución de la conciencia.

Después llegamos, en forma más técnica, a discutir el tema de la sustancia, sin tratar las sustancias o los elementos diferenciados, sino el concepto de una sustancia primordial, retrotrayéndonos todo lo posible a lo que Sir Williams Crookes llamó "protilo", o sea lo subyacente en todo lo tangible u objetivo. Consideramos el átomo, y vimos que recientemente fue definido como una unidad de fuerza o energía; consistiendo en una carga de electricidad positiva que energetiza cierto número de partículas negativas. Evidencióse que el minúsculo átomo químico y físico es en sí un sistema solar con la misma conformación general del sistema mayor, con análoga actividad y regido por leyes similares, y hallamos que tiene un sol central en cuyo torno giran en definidas órbitas los electrones. También observamos que los elementos químicos sólo difieren según el número y disposición de los electrones, alrededor de la positiva carga central. De allí pasamos a considerar el alma o siquis del átomo, y encontramos que los científicos reconocen que el átomo posee cualidades, denota vestigios de mente o inteligencia, y es capaz de discernir, seleccionar y elegir.

Seguidamente procedimos a relatar lo que parece un cuento de hadas. Nos imaginamos al ser humano como un átomo, y vimos la semejanza de ambos y que atrae y mantiene dentro de su esfera de influencia, la materia de sus cuerpos físico, emocional y mental, del mismo modo que los electrones se mantienen girando alrededor de su punto focal central. Fue factible expandir aún más la idea y fijamos nuestra atención sobre el planeta, imaginándolo de naturaleza análoga a la del átomo humano y al del ultérrimo átomo de sustancia, que sólo es la expresión de una vida que se manifiesta por medio de una forma esferoidal y lleva a cabo un propósito inteligente. Entonces llegamos a la culminación, consideramos al sistema solar como un átomo cósmico energetizado por la vida del Logos.

Por lo tanto, hemos considerado cuatro clases de átomos:

Primero, el átomo químico y físico.

Segundo, el átomo humano u hombre.

Tercero, el átomo planetario, energetizado por el Logos planetario u Hombre celestial.

Cuarto, el átomo solar habitado por el Logos o Deidad solar.

Si es correcto nuestro concepto fundamental, si hay algo de realidad en nuestra hipótesis y si existe un fondo de verdad en nuestra idea de que el átomo compone los elementos, debemos reconocerlo como una vida que actúa inteligentemente por medio de una forma. Quizás así podrá demostrarse que el hombre es también una vida o centro de energía, manifestándose por medio de sus cuerpos, y, además, que un planeta es asimismo el medio de expresión de un centro mayor de energía, y que de acuerdo a la Ley de analogía llegaremos a probar en el futuro que existe un Dios o Vida central detrás de la naturaleza material, y una Entidad que actúa conscientemente a través del sistema solar.

En la conferencia anterior consideramos otra fase de la manifestación. Estudiamos el átomo en sí, vimos cuando entra en relación con otros átomos, y que por mutua coherencia forman grupos o conglomerados de átomos; en otras palabras, lo consideramos como elemento constructor de las distintas formas de los reinos de la naturaleza, y observamos que en el proceso de evolución los átomos gravitan como electrones hacia puntos centrales, convirtiéndose a su vez en electrones. Así cada forma es un conglomerado de vidas menores.

Consideramos después sucintamente, los diferentes reinos de la naturaleza y trazamos el desarrollo del alma o siquis, en todos ellos. Ya habíamos dicho que el átomo posee inteligencia o poder de discernir y que en la construcción de las formas de los reinos mineral, vegetal y animal, aparece lo que entendemos por sensación, teniendo así los rudimentos de la emoción o sentimiento en embrión -reflejo del amor en el plano físico. Éste es un aspecto de la triple naturaleza de Dios, la inteligencia, manifestándose en el átomo; y por medio de la forma se manifiesta el amor o cualidad de atracción. Esto también puede explicarse como el reconocimiento de que en estos dos aspectos de la vida divina central, existe la tercera persona de la Trinidad logoíca colaborando con la segunda; tenemos también la actividad inteligente de la divinidad o el aspecto Espíritu Santo, actuando en conexión con el segundo aspecto, el Hijo, constructor de las formas. La Biblia, en Prov. 8, expresa esto en forma interesante, donde la sabiduría clama en voz alta (la sabiduría representa al aspecto Crístico en el Antiguo Testamento), y después de señalar que Él era con Dios antes de la creación, dice: "... estableció los cimientos de la tierra, con Él estaba como maestro trabajador o constructor". Los estudiosos harían bien en estudiar este capítulo en relación con las ideas expuestas, asegurándose de que la traducción sea exacta.

Vamos a considerar ahora el tema de la evolución del hombre, el pensador. Veremos que en el hombre interviene otro aspecto de la divinidad. Browning, en “Paracelsus”, abarca el tema en forma interesante, resumiéndolo de la manera siguiente:

"Él (Dios) mora en todo.
Desde el ínfimo comienzo de la vida hasta el fin,
el hombre -culminación de este esquema
del ser, la culminación de esta esfera
 de la vida; cuyos atributos han sido por doquier
diseminados en el mundo visible,
pudiendo ser combinados estos tenues fragmentos,
destinados a ser unidos en un todo maravilloso,
cualidades imperfectas en la creación,
que sugieren una criatura increada,
alguna etapa donde todos esos rayos diseminados
deberían converger en las facultades del hombre."

Por lo tanto, habiendo descubierto dos aspectos de la divinidad, en el átomo y en la forma, hallaremos la perfecta triplicidad en el hombre. Sabemos que el hombre está hecho a imagen de Dios, y por eso debemos verlo reflejarse en la triple naturaleza del Logos. Debe demostrar inteligencia, expresar amor y manifestar voluntad. Consideremos algunas definiciones del hombre en diccionarios y libros. El Standard Dictionary da una definición muy poco interesante: el hombre es "un individuo de la raza humana", y sigue una larga serie de sugestivas derivaciones de la palabra hombre, en diferentes idiomas, y concluye diciendo que muchas de ellas son improbables. A mi entender, la etimología más satisfactoria es la que deriva de la palabra de raíz sánscrita "man", hombre, que significa "el que piensa". Annie Besant, en una de sus obras, da la siguiente definición excepcionalmente clara: "El hombre es el ser en que el supremo espíritu y la ínfima materia están vinculados por la inteligencia". Esta definición describe al hombre como el punto de convergencia de las tres líneas de evolución: el espíritu, la materia y el intelecto vinculador. Unifica el yo y el no-yo, mediante la relación entre ambos. Es el conocedor, lo conocido y el conocimiento. ¿Cuál es, pues, el propósito del intelecto y del conocimiento? Con toda seguridad su propósito consiste en adaptar la forma material a las necesidades y exigencias del espíritu inmanente; permite al pensador que reside en el cuerpo, ser utilizado inteligentemente y para algún propósito definido; también que debe existir con el fin de que la central unidad energetizadora pueda controlar constructivamente su aspecto negativo. Todos somos entidades animadoras de una forma, que por medio de la inteligencia procuramos utilizarla para un especial propósito existente en la consciente voluntad del verdadero ser.

En un libro esotérico muy antiguo -tan antiguo que no es posible asegurar su fecha- hallamos una ilustradora definición del hombre, de acuerdo con el concepto que estamos explicando. Define al hombre como "la Vida y las vidas". Hemos visto que el átomo es una vida que se manifiesta por intermedio de una minúscula esfera, de la cual es el centro. Vimos también que toda forma mineral, vegetal y animal, es un conglomerado de vidas. Pasemos a la siguiente etapa de la gran escala de evolución, y hallaremos que el ser humano es la lógica secuencia de estos precedentes desarrollos. Primeramente, la sustancia primordial que en esencia es energía inteligente; después la materia atómica, con toda su variada actividad, formando la combinación elemental; luego la forma o conglomerado de átomos, hasta llegar al que mora en la forma, que no sólo es de activa inteligencia e inherente atracción y amor, sino también resuelta voluntad. El "morador interno" tomó posesión de la forma cuando ya tuvo cierto grado de preparación y las vidas componentes habían alcanzado cierta capacidad vibratoria. Ahora la está utilizando y repite dentro de su propia esfera de influencia, la obra de un átomo de materia, aunque no se manifiesta de una manera ni dos, sino de tres. Por lo tanto, en el hombre tenemos realmente y en verdad, lo que el cristiano llama "imagen de Dios". Para todos los pensadores debe ser evidente que la única manera de conocer a Dios es por el estudio de Su naturaleza o Su cualidad síquica. Sabernos que Dios es inteligencia, que es amor, o la gran fuerza atractiva del sistema solar y la enorme voluntad o propósito detrás de todo lo manifestado. Las Escrituras del mundo representan a la Deidad bajo estos tres aspectos y Se manifiesta triplemente en la naturaleza.

La evolución de la materia se desarrolla gradualmente, siendo a su vez complementada por la lenta acción de la interna cualidad subjetiva de la vida de Dios, cuya esencial naturaleza queda así demostrada. Primeramente, tenemos un aspecto, luego otro y finalmente un tercero, teniendo así la maravillosa combinación y consumación, el ser humano, que sintetiza los tres aspectos y es la totalidad de los divinos atributos, aunque todavía muy embrionarios, y que debe repetir en su ciclo evolutivo el idéntico proceso seguido por el átomo. Así como el átomo sigue su curso interno y posteriormente debe ser atraído por otros átomos, para fusionarse y mezclarse y formar un grupo, análogamente el átomo humano debe hallar el lugar que le corresponde dentro de una forma mayor.

Por consiguiente, consideremos brevemente el proceso evolutivo del ser humano. Hemos visto que en él convergen las tres líneas, que es un punto de síntesis, que aún predomina un aspecto, el de la inteligencia, y que el segundo aspecto de amor-sabiduría recién está haciendo sentir su presencia, teniendo en embrión el aspecto Superior, la voluntad espiritual.

A casi todos se nos ha enseñado a creer en el concepto bíblico de "la caída del hombre", pero pocos son hoy los que creen en este relato tal como aparece en el tercer capitulo del Génesis, y para la mayoría es una interpretación alegórica. ¿Qué oculta verdad subyace en esa curiosa historia? Sencillamente, que la verdad acerca del descenso del espíritu en la materia, le es impartida a la infantil mentalidad del hombre por medio de un cuadro simbólico. La convergencia de las tres líneas supone un doble proceso. Por una parte, tenemos el descenso de la entidad, la vida central, a la materia, y la encarnación del espíritu; por otra, el ascenso fuera de la materia de esa vida o espíritu, más todo lo adquirido mediante la utilización de la forma. Experimentar la materia, morar en la forma, energetizar la sustancia, abandonar el Jardín del Edén (donde no hay lugar para el necesario desenvolvimiento) y el deambular del Hijo Pródigo en un país lejano, constituyen las distintas etapas representadas en la Biblia cristiana, donde el hombre descubre que él no es la forma, sino la entidad que la utiliza. Es inteligencia y, por lo tanto, está hecho a imagen de la tercera Persona de la Trinidad; es amor, y en él se manifestará algún día perfectamente el aspecto amor de la Deidad, y podrá exclamar con su hermano mayor el Cristo, en respuesta a la demanda: "Señor, muéstranos al Padre", y así "el que me ha visto a mí, ha visto al Padre", porque Dios es amor y, finalmente, por medio del hombre se manifestará el superior aspecto de la voluntad de Dios, y será entonces perfecto como perfecto es Su Padre en los cielos.

Así como en la evolución de la sustancia podemos ver tres etapas -la energía atómica, la coherencia grupal y la eventual síntesis- las mismas etapas aparecen en la evolución del hombre. En las primeras etapas de la evolución humana, que podríamos llamar atómica, el hombre reconoce gradualmente que es una unidad autoconsciente, con individualidad propia. Quien ha educado niños, conoce bien esta etapa. En la constante repetición de "mío, mío, mío", puede observarse la etapa de apropiación para sí, sin pensar en los demás. Los niños son por naturaleza, sensata e inteligentemente egoístas. Es la etapa del gradual reconocimiento de la existencia separatista, y la cada vez más potente utilización, por el átomo humano, de su interna fuerza atómica. El niño se rebela contra la forzada vigilancia de quienes tratan de protegerlo, pues cree bastarse a sí mismo. Esto se observa en el individuo y en la raza.

A medida que la vida transcurre, el hombre pasa de la etapa atómica a otra superior y mejor, donde reconoce sus relaciones grupales, se da cuenta que tiene responsabilidades grupales y debe desempeñar funciones con otros átomos. Empieza a hacerse sentir la conciencia grupal. Así el átomo humano encuentra su lugar en el grupo, en la unidad mayor a que pertenece, y comienza el aspecto amor. El hombre ha pasado de la etapa atómica a la etapa de la coherencia grupal.

Posteriormente llega a la etapa en que se da cuenta de que no sólo tiene responsabilidades con el grupo, sino que existe algo mayor, tiene conciencia de que es parte de una gran vida universal, subyacente en todas las agrupaciones; que no es un átomo universal ni tan sólo parte de un grupo, sino que al sumergirse en el grupo sin perder su identidad, el grupo mismo debe fusionarse nuevamente con la conciencia de esa gran Identidad, la síntesis de todo. Así llega a la etapa final de la inteligente apreciación de la divina unidad.

Esta triple idea está sintetizada en la notable frase donde Jehová le dice a Moisés, el hombre representativo: "Yo soy ese yo soy". Si dividimos en tres partes esta frase tendremos la idea de lo que he tratado de exponer hoy: primero, la conciencia atómica YO SOY; después el grupo, YO SOY ÉSE, la conciencia de que él no es una individualidad separada ni sólo una unidad autocentrada, tampoco una entidad auto-consciente, sino algo aún superior. Entonces el hombre alcanza ese reconocimiento que lo conducirá a sacrificar su identidad al servicio del grupo y a sumergir su conciencia en la del grupo. De esta consciente unión nada sabemos todavía. Esto ocurrirá cuando esa etapa superior del YO SOY ESE YO SOY no constituya un ideal imposible, un concepto visionario, sino una realidad fundamental; cuando los hombres en conjunto se reconozcan como expresión de la vida universal, y la conciencia grupal misma se fusione con la conciencia de todo el conjunto de grupos.

Supongo y tengo la esperanza de que salimos rápidamente de la etapa atómica y que nuestra esfera de influencia e interés no está limitada por un muro atómico, sino que nos estamos haciendo radiactivos, utilizando un término familiar. Cuando así sea, no estaremos circunscritos ni limitados por nuestros propios cascarones ni por los estrechos confines de nuestra vida personal, contrariamente comenzaremos a irradiar y hacer contacto con otros átomos, llegando así a la segunda etapa, la de atracción.

Por lo tanto, ¿cuál es la meta para cada uno de nosotros? ¿Cuál la de estos diferentes átomos de los que nos ocupamos? Las antiguas Escrituras orientales dicen que la meta del átomo de la sustancia es la autoconsciencia. ¿Cuál es, por lo tanto, la meta del átomo humano que ya es autoconsciente, se ha individualizado y se guía a sí mismo por medio de su voluntad? ¿Qué tiene el hombre por delante? Sencillamente la expansión de su conciencia hasta incluir la conciencia de la excelsa Vida o Ser, en cuyo cuerpo es una célula. Nuestro cuerpo físico está, por ejemplo, constituido por innumerables vidas menores o átomos, cada uno separado del otro, y caracterizado por su propia e inherente actividad, y cada uno forma una esfera, que contiene dentro de su periferia otras esferas menores o electrones.

Hemos visto que el hombre es la carga positiva, que mantiene a su multiplicidad de átomos o vidas menores energetizados y unidos en formas coherentes. Cuando en la muerte se retira el aspecto espíritu, la forma se desintegra y disuelve, y estas pequeñas vidas conscientes, habiendo cumplido su función, se dispersan. La conciencia del átomo dentro del cuerpo es muy distinta de la conciencia del hombre, y esto lo comprenderemos si reflexionamos un poco. Si aceptamos que el hombre es una célula, en una esfera mayor, ¿no sería posible la existencia de una conciencia que fuera para el hombre lo que su conciencia es para las células de su cuerpo? ¿No sería posible que nuestra meta inmediata fuera obtener esa conciencia, en el mismo sentido en que el átomo de la sustancia tendrá que lograr algún día la conciencia de un ser humano? Sería esto lo que pensaba Browning cuando dijo: "El género humano está constituido por cada uno de los hombres, y en dicha síntesis termina el relato". Nos presenta aquí el concepto de un hombre superior, síntesis o suma total de todas las unidades menores. Esta síntesis podría ser la gran Vida o Entidad planetaria que está detrás de nuestra manifestación planetaria y es la suma total de la conciencia grupal. Sugiero que así como la autoconsciencia es la meta para todas las formas subhumanas de vida, y la conciencia grupal o la del Hombre Celestial es la meta del ser humano, así también existirá para él una meta, y la realización puede ser el desarrollo de la conciencia de Dios; de manera que él debe luchar para lograr el conocimiento que posee el Logos solar.

De este modo podemos ver la unidad de conciencia desde el más diminuto átomo hasta la Deidad misma, abriendo ante nosotros una admirable perspectiva de posibilidades, pudiendo verse también la vida de Dios en Su triple y esencial manifestación, desarrollándose en una conciencia siempre en expansión, expresándose en el átomo de sustancia, ampliándose por medio de la forma, hasta llegar al punto culminante en el hombre y, luego, continuar su curso hasta manifestarse como la conciencia planetaria, suma total de todos los estados de conciencia en nuestro planeta Tierra, hasta llegar a la Vida fundamental y básica que sintetiza todas las evoluciones planetarias, dentro de Su esfera mayor, el sistema solar. En resumen, tenemos cuatro estados de inteligente actividad que podemos o denominar: conciencia, autoconsciencia, conciencia grupal y conciencia de Dios, que se manifiestan respectivamente mediante los cuatro tipos de átomo: primero, el átomo químico y todas las formas atómicas; segundo, el átomo humano; tercero, el átomo planetario, y, finalmente, el omniabarcante átomo solar. Animando a estas formas atómicas, podemos ver la manifestación de todos los tipos de vida subhumana, desde la vida del átomo de la sustancia, hasta la vida animadora de los animales superiores; luego esa vida denominada humana, el hombre, el pensador; después el Hombre celestial, y, finalmente, la excelsa Vida del sistema solar, que los cristianos denominan Dios o Logos.

Browning expresa la idea de la gradual expansión de la conciencia de un ser humano hacia algo mayor y más vasto, con las palabras siguientes:

"Cuando la raza llegue a ser perfecta, es decir, como un hombre; todo lo dado al género humano, y hasta ahora producido por el hombre, habrá llegado a su fin; pero en el hombre íntegro se inicia nuevamente  una tendencia hacia Dios. Las predicciones auguraron el o acercamiento del Hombre; en el yo del hombre surgen augustas anticipaciones, símbolos, tipos de tenue esplendor siempre existentes en ese eterno Círculo perseguido por la vida. Los hombres comienzan a cruzar los límites de la naturaleza, descubriendo nuevas esperanzas y obligaciones, que rápidamente suplantan sus propias alegrías y pesares; llegan a ser demasiado grandes para los estrechos credos del mal y del bien, que se desvanecen ante la inmensurable sed de bien; en tanto surge de ellos la paz en forma creciente. Estos hombres se hallan ya en la tierra, serenos en medio de las criaturas semiformadas que los rodean, que deberían ser salvadas por ellos y unirse a ellos".


 (*) Este artículo fue publicado en fecha 25/02/2015 en el blog "En Compañía del Alma"
 


miércoles, 25 de octubre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Forma o la Evolución Grupal (IV) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)




*          La evolución procede desde esas diminutas diversifica­ciones llamadas átomos y moléculas; asciende hasta sus con­glomerados al constituirse en formas, y sigue a través de la construcción de esas formas a otras mayores, hasta formar el sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley, y las mismas leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar. El macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se refleja en los átomos menores.”


*          La forma, según el diccionario, "es la configuración externa de un cuerpo", es decir, la manifestación externa de “algo” subjetivo por medio de “algo” objetivo. Plutarco lo define como:

 "Una idea es un ser incorpóreo que no tiene subsis­tencia propia, pero da forma y figura a la informe ma­teria, y es la causa de la manifestación."

Este concepto podemos aplicarlo desde una pequeña manifestación como la vida que da forma a un átomo, hasta una gran manifestación como la Vida que da forma a un Sistema Solar.

Según el apostol San Pablo: “por medio de cada vida humana o del conjunto de vidas que constituyen un sistema solar, Dios, me­diante la forma, cualquiera sea, está llevando a cabo una idea, un concepto específico, un detallado poema. El hombre es un pensamiento corporificado, y tal es el concepto latente en la definición de Plutarco. Tenemos en ella, primero, la idea de una entidad autoconsciente, después, el pensamiento o propósito que dicha entidad trata de expresar y, finalmen­te, el cuerpo o forma, resultado secuencial.”


*          “Se ha demostrado que los átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria inteligencia. El átomo demuestra po­seer la facultad de discernir y el poder de seleccionar, la capacidad de atraer o repeler.”

Inteligencia es la facultad de pensar o elegir, seleccionar y discernir. En realidad es ese algo abstracto e inexplicable que reside detrás de la gran ley de atracción y repulsión, una de las leyes básicas de la manifestación. Esta fundamental facul­tad de la inteligencia caracteriza a toda la materia atómica y rige también la construcción de las formas o conglomera­ción de átomos.”


*          “En la totalidad de las formas tenemos toda la naturaleza, tal como generalmente se comprende.”

“Ampliemos la idea, desde las formas individuales que constituyen cada uno de los cuatro reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando esa forma aún mayor denominada reino y observemos a éste como una unidad consciente, formando un todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede considerarse como una forma a tra­vés de la cual puede manifestarse determinado tipo o grado de conciencia. También así, el conglomerado de formas animales constituye esa forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un cuerpo aún mayor. Por medio de ese reino procura expresarse una vida consciente, y por el conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida subjetiva mayor.”

“A algunos les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo químico es una infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que mantiene girando a su alrededor los electrones negativos, también las formas de los reinos de la naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado de conciencia o inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos como la expresión física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar a reconocer que cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de esa Vida o Entidad superior, llamada en algunas Escri­turas, el Hombre celestial. Llegamos finalmente al concepto de que el sistema solar es sólo un conglomerado de los rei­nos de las formas y el Cuerpo de un Ser que Se expresa por su intermedio y lo utiliza para llevar a cabo un definido propósito y una idea central.”


*          El proceso de la construcción de formas podría resumirse en tres términos:

involución, o sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión, por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma logra el conocimiento y el control de si misma.

En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizán­dola como medio de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma, pro­gresa el espíritu o vida.”

“Tenemos en el primer caso el pro­ceso de involución. En este período se limita la vida dentro de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y millones de años. En este gran ciclo par­ticipa todo tipo de vida. Concierne a la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adap­tación, donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el período en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está adecuada a las ne­cesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la vida interna se desarrolla y amplia, se va cristalizando para­lelamente la forma, y ya no es apropiada como medio de expresión. Después del período de cristalización tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación, utilización, cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca la vida de una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que trata de expresarse por medio de la materia.”

Si aplicásemos lo anterior al ser humano se podría decir que:

Al tomar forma física es donde se ve el proceso de limitación, y tam­bién en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre hen­chido de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es inca­paz de expresarlos o satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el hombre comienza a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por medio de las miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus cuerpos, físico, emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a obedecer sus mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan, para bien o para mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta donde es capaz, llegando a lo que denominamos ma­durez. Finalmente, en las etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre reconoce lo inade­cuado de la misma, entonces sobreviene (lo que entendemos como) la muerte, ese momento en que el "aprisio­nado espíritu" escapa de los muros de su forma física.”

“Ideas análogas pueden aplicarse a todas las formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas de gobierno, de religión, de ciencia y de filosofía”


*          Para cada uno de los diferentes tipos y grados de áto­mos existe un propósito y una finalidad. Hay una meta para el átomo químico, hay una etapa de realización para el átomo humano, el hombre; algún día el átomo planetario manifestará su propósito fundamental y, eventualmente, se revelará la gran Idea que subyace detrás del sistema solar.”


*          El átomo entra en la construcción de las diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez adquiere algo de acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa for­ma y mantiene su homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la construcción de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente discernidora y selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal aparecen estas dos cualidades y además una tercera, podría denominársela sensación rudimentaria. La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante la transición de una forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta al contacto y su percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la conciencia consideraremos más ampliamen­te este punto; pero ahora me limito a demostrar que las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo denotan discernidora inteligencia y elasticidad, sino tam­bién capacidad de sensación, o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o sentimiento, pues la emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal, donde las formas animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino el instinto, o lo que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos al ser humano, que muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el cuarto reino es el macrocosmos de los tres reinos inferio­res. El hombre demuestra actividad inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha agregado otro factor, la volun­tad inteligente. Es la deidad de su propio y pequeño sistema. Y no sólo es consciente sino autoconsciente. Construye su propio cuerpo de manifestación, como lo construye el Logos, aunque en menor escala. Rige su sistema por la ley de atrac­ción y repulsión, lo mismo que el Logos, y energetiza y sin­tetiza su triple naturaleza en una coherente unidad. Es el tres en uno y el uno en tres, lo mismo que el Logos.”


*          “Todo átomo tiene su porvenir en el sistema solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa meta, y a medida que transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los sucesivos reinos de la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.”

“Ampliando la idea podemos considerar esa excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene en Su conciencia todos los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su Inteligencia, animadora de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el átomo humano? Quizás con el correr del tiempo, su actual conoci­miento pueda ser también el nuestro, y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los planetas del sistema solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud de conciencia que caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora del sistema solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia que se extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema solar, no haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una gradual expansión y evolución de una forma de mani­festación inteligente a otra, y siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio de la experiencia.

Cuando hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando resulte evidente que existe un propósito y orientación que subyace en todo, cuando nos demos cuenta que nada ocurre que no sea resultado de la consciente voluntad de alguna entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo y meta, entonces tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos suceder a nuestro alrededor en el mundo.”


*          “Resumiendo el pensamiento central de esta conferen­cia, tratemos de reconocer que no existe tal cosa como ma­teria inorgánica, que cada átomo es una vida, que todas las formas son vivientes y que cada una de ellas es la expresión de una entidad inmanente. Comprendamos que esto tam­bién atañe al conglomerado de formas. He aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave del enigma del sistema solar.”

martes, 10 de octubre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Forma o la Evolución Grupal (IV) (Alice A. Bailey) (*)


 
Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


FUNDACIÓN LUCIS TRUST
Ir al Segundo Capítulo
Ir al Tercer Capítulo
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LA EVOLUCIÓN DE LA FORMA O LA EVOLUCIÓN GRUPAL

TERCERA CONFERENCIA

Esta noche ampliaré la idea fundamental y el concepto de la unidad consciente o inteligente, desarrollada parcialmen­te en la conferencia anterior. Se ha dicho que toda evolu­ción procede de lo homogéneo, pasa por lo heterogéneo y retorna a lo homogéneo, y se ha puntualizado que:

"La evolución es una continua marcha acelerada de todas las partículas del universo, llevadas simultáneamente por un camino de destrucción, pero en for­ma ininterrumpida y sin pausa, desde el átomo material hasta la conciencia universal, donde se conocen la omnipotencia y la omnisciencia, en otras palabras, el pleno conocimiento de lo Absoluto de Dios."

La evolución procede desde esas diminutas diversifica­ciones llamadas átomos y moléculas; asciende hasta sus con­glomerados al constituirse en formas, y sigue a través de la construcción de esas formas a otras mayores, hasta formar el sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley, y las mismas leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar. El macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se refleja en los átomos menores.

Estas observaciones y la conferencia anterior concier­nen principalmente a la manifestación material de un sis­tema solar, pero en posteriores conferencias pondré el én­fasis principalmente en lo que podría llamarse evolución síquica, o gradual manifestación y desenvolvimiento evolutivo de la subjetiva inteligencia o conciencia, que se halla detrás de la manifestación objetiva..

Dividiremos esta conferencia en cuatro partes. Prime­ro, veremos el proceso evolutivo, que en este caso particular es la evolución de la forma o del grupo; después el método para el desarrollo grupal; seguirá el estudio de las etapas que deben recorrerse durante el ciclo de evolución, y, finalmente, trataremos de ser prácticos y extraer de nuestras con­clusiones alguna lección aplicable a la vida diària.

Ante todo conviene considerar parcialmente lo que en realidad es la forma. El diccionario la define diciendo que "es la configuración externa de un cuerpo". Esta definición subraya lo externo, lo tangible y la manifestación exotérica. El mismo concepto subyace en el significado etimológico de la palabra manifestación, que deriva de dos palabras lati­nas: manus, mano, y fendere, tocar, esto es, tocar con la mano. Este significado sugiere una triple idea, en el sentido de que se puede sentir, tocar y comprender como algo tangi­ble. Sin embargo, en ambas interpretaciones se prescinde de la parte más vital del concepto, por lo cual debernos bus­car una definición más adecuada. A mi entender, Plutarco expresa con mucha más claridad que los diccionarios, la idea de la manifestación de lo subjetivo mediante la forma objetiva, cuando dice:

"Una idea es un ser incorpóreo que no tiene subsis­tencia propia, pero da forma y figura a la informe ma­teria, y es la causa de la manifestación."

Tenemos aquí una interesante frase de verdadero signi­ficado esotérico, y compensará el cuidadoso estudio y consi­deración que de ella se haga, pues contiene un concepto aplicable no sólo a una pequeña manifestación, el átomo químico y el físico, sino a todas las formas que éstos consti­tuyen, incluyendo la manifestación del ser humano y la deidad de un sistema solar, la excelsa Vida, la omniabar­cante Mente universal, el vibrante Centro de energía, la incluyente Conciencia denominada Dios, Fuerza o Logos, esa Existencia que se manifiesta por medio del sistema solar.

En la Biblia cristiana el mismo pensamiento está corro­borado por San Pablo en una carta a la Iglesia de Efesios. En el segundo capítulo de la epístola a los Efesios, dice:

"Porque somos a hechura suya" . Pero la exacta traducción del griego es: "Somos su poema o idea". El pensamiento del apóstol es que por medio de cada vida humana o del conjunto de vidas que constituyen un sistema solar, Dios, me­diante la forma, cualquiera sea, está llevando a cabo una idea, un concepto específico, un detallado poema. El hombre es un pensamiento corporificado, y tal es el concepto latente en la definición de Plutarco. Tenemos en ella, primero, la idea de una entidad autoconsciente, después, el pensamiento o propósito que dicha entidad trata de expresar y, finalmen­te, el cuerpo o forma, resultado secuencial.

Al hablar de la Deidad, el Nuevo Testamento emplea con frecuencia la palabra Logos. El término Logos, tradu­cido como el Verbo, se utiliza frecuentemente en el Nuevo Testamento al referirse a la Deidad. El pasaje más notable en este punto es el primer capítulo del Evangelio de San Juan, que dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Consideraremos breve­mente el significado de esta expresión. La traducción literal es "el Verbo", y ha sido definido como "la expresión obje­tiva de un pensamiento oculto". Si tomamos cualquier sus­tantivo o palabra similar, por ejemplo, y estudiamos su significación objetiva, descubriremos que siempre expresa a la mente un definido pensamiento, involucrando propósito, intención o quizás algún concepto abstracto. Si empleamos ese mismo método incluyendo la idea de la Deidad o del Logos, se esclarecerá el abstruso tema de la manifestación de Dios o Inteligencia central, mediante la forma material, sea que Lo veamos manifestándose en la minúscula forma de un átomo químico o en Su gigantesco cuerpo físico denominado sistema solar.

En la conferencia anterior vimos algo que puede apli­carse a todos los átomos y constituye cierta notable caracte­rística que los científicos de todas partes van reconociendo. Se ha demostrado que los átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria inteligencia. El átomo demuestra po­seer la facultad de discernir y el poder de seleccionar, la capacidad de atraer o repeler. Podrá parecer extraño el em­pleo de la palabra inteligencia con relación a un átomo químico, no obstante, la etimología de la palabra incluye perfectamente esta idea. Deriva de dos palabras latinas:

inter, entre, y legere, elegir. Por lo tanto, la inteligencia es la facultad de pensar o elegir, seleccionar y discernir. En realidad es ese algo abstracto e inexplicable que reside detrás de la gran ley de atracción y repulsión, una de las leyes básicas de la manifestación. Esta fundamental facul­tad de la inteligencia caracteriza a toda la materia atómica y rige también la construcción de las formas o conglomera­ción de átomos.

Anteriormente nos ocupamos del átomo en sí, pero no lo consideramos cuando interviene en la construcción de la forma o de esa totalidad de formas denominadas reino de la naturaleza. Consideramos también parcialmente la natura­leza esencial del átomo y su incipiente característica de inteligencia y destacamos aquello con lo cual están construidas las distintas formas tal como las conocemos -las del reino mineral, vegetal, animal y humano. En la totalidad de las formas tenemos toda la naturaleza, tal como generalmente se comprende.

Ampliemos la idea, desde las formas individuales que constituyen cada uno de los cuatro reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando esa forma aún mayor denominada reino y observemos a éste como una unidad consciente, formando un todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede considerarse como una forma a tra­vés de la cual puede manifestarse determinado tipo o grado de conciencia. También así, el conglomerado de formas animales constituye esa forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un cuerpo aún mayor. Por medio de ese reino procura expresarse una vida consciente, y por el conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida subjetiva mayor.

En los cuatro reinos mineral, vegetal, animal y humano, tenemos tres factores, siempre que, lógicamente, la base de nuestro razonamiento sea correcta: primero, el átomo original es una vida; segundo, las formas están construidas por una multiplicidad de vidas, y proporcionan un coherente conjunto, a través del cual una entidad subjetiva lleva a cabo un propósito; tercero, la vida central dentro de la forma constituye su impulso directriz, la fuente de su energía, el origen de su actividad y lo que mantiene unida la forma como una unidad.

Esta idea puede aplicarse al hombre, y para los propó­sitos de esta conferencia podemos definirlo como esa energía central, vida o inteligencia, que actúa por medio de una manifestación material, o forma construida por miríadas de vidas menores. Sobre el particular diré que en el mo­mento de la muerte se ha observado frecuentemente un extraño fenómeno. Hace algunos años me llamó la atención sobre esto, una de las más hábiles enfermeras quirúrgicas de la India, que durante mucho tiempo fue atea, pero había comenzado a dudar de su incredulidad después de haber sido testigo de ese fenómeno repetidas veces. Me explicó que en el momento de la muerte, en diversos casos, había visto surgir de la cima de la cabeza un destello de luz, y que en un caso particular, al morir una joven de evidente avanzado desarrollo espiritual, de gran pureza y santidad de vida, quedó el aposento iluminado momentáneamente como por una luz eléctrica. Además, hace poco, en una de nuestras populosas ciudades meridionales, varias eminencias médicas recibieron una carta, donde un investigador preguntaba si habían observado algún fenómeno particular en el momen­to de la muerte. Algunas respondieron haber visto una luz azulada surgiendo de la cima de la cabeza del moribundo, y una o dos afirmaron que habían oído un chasquido en la cabeza. Este último caso está corroborado por el Eclesiastes, donde se menciona la rotura del cordón plateado, o de ese vínculo magnético que une la entidad que mora interna­mente, o el pensador a su vehículo de expresión. En los dos casos mencionados, se advierte una demostración visual del retiro de la luz central o vida, y la consiguiente desintegra­ción de la forma y dispersión de las miríadas de vidas me­nores.

A algunos les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo químico es una infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que mantiene girando a su alrededor los electrones negativos, también las formas de los reinos de la naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado de conciencia o inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos como la expresión física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar a reconocer que cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de esa Vida o Entidad superior, llamada en algunas Escri­turas, el Hombre celestial. Llegamos finalmente al concepto de que el sistema solar es sólo un conglomerado de los rei­nos de las formas y el Cuerpo de un Ser que Se expresa por su intermedio y lo utiliza para llevar a cabo un definido propósito y una idea central. En todas estas ampliaciones de nuestra hipótesis final vemos la misma triplicidad; una Vida o Entidad animadora que se manifiesta por medio de una forma o una multiplicidad de formas y denota inteligencia discriminadora.

No es posible ocuparnos del método de la construcción de formas ni ampliar el estudio del proceso evolutivo por cuyo medio los átomos se combinan en formas, y las formas se agrupan formando esa unidad mayor que llamamos reino de la naturaleza. Dicho método podría resumirse en tres términos: involución, o sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión, por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma logra el conocimiento y el control de si misma. Todo se efectúa de acuerdo a esta ley básica. En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizán­dola como medio de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma, pro­gresa el espíritu o vida, hasta que el sendero de retorno haya sido recorrido, llegando al punto de origen. Tal es el significado de la evolución y el secreto de la encarnación cósmica. Eventualmente el espíritu se zafa de la forma, logra la liberación y desarrolla una cualidad sí­quica y graduada expansión de conciencia. Consideremos brevemente estas etapas. Tenemos en el primer caso el pro­ceso de involución. En este período se limita la vida dentro de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y millones de años. En este gran ciclo par­ticipa todo tipo de vida. Concierne a la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adap­tación, donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el período en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está adecuada a las ne­cesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la vida interna se desarrolla y amplia, se va cristalizando para­lelamente la forma, y ya no es apropiada como medio de expresión. Después del período de cristalización tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación, utilización, cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca la vida de una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que trata de expresarse por medio de la materia.

Apliquemos este pensamiento al ser humano. Al tomar forma física es donde se ve el proceso de limitación, y tam­bién en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre hen­chido de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es inca­paz de expresarlos o satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el hombre comienza a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por medio de las miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus cuerpos, físicos, emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a obedecer sus mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan, para bien o para mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta donde es capaz, llegando a lo que denominamos ma­durez. Finalmente, en las etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre reconoce lo inade­cuado de la misma, entonces sobreviene la feliz liberación llamada muerte, ese solemne momento en que el "aprisio­nado espíritu" escapa de los muros de su forma física. Nues­tras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos consi­derado a la muerte como terrible final, pero en realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada.

Ideas análogas pueden aplicarse a todas las formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas de gobierno, de religión, de ciencia y de filosofía, y su actuación en forma peculiar e interesante puede verse en este ciclo en que vivimos. Todo se halla en estado de flujo. Cambia el antiguo orden y está en marcha un período de transición; en toda corriente de pensamiento se desintegran las viejas formas, pero únicamente para que la vida que les dio el ser, pueda liberarse y construir para si lo que será más satisfactorio y adecuado. Tomemos, por ejemplo, la vieja forma religiosa de la fe cristiana; quisiera que no me interpreten mal, por­que no trato de demostrar que es inadecuado el espíritu del cristianismo ni que sean erróneas sus bien comprobadas y experimentadas verdades; Tan sólo trato de señalar que la forma por cuyo intermedio trató de expresarse ese espíritu, ha servido su propósito y constituye una limitación. Las mismas grandes verdades y las mismas ideas fundamentales requieren un vehículo más adecuado a través del cual actuar. Los pensadores cristianos en esta  época, deben dife­renciar cuidadosamente entre las vitales verdades del cris­tianismo y la cristalizada forma teológica. El impulso vi­viente fue dado por Cristo. Enunció esas grandes y eternas verdades y las envió para adquirir forma y satisfacer la necesidad de un sufriente mundo. Fueron limitadas por la forma, y sobrevino un largo período en que esa forma (dog­mas y doctrinas religiosas) creció gradualmente y se confi­guró. Transcurrieron siglos durante los cuales la forma y la vida parecieron estar mutuamente adaptadas, y los ideales cristianos se expresaron por medio de dicha forma. Ahora ha llegado el período de cristalización, y la conciencia cris­tiana en expansión halla inadecuadas y restrictivas las limi­taciones de los teólogos. La gran trama de dogmas y doctri­nas erigida por los eclesiásticos y teólogos de las edades, debe inevitablemente desintegrarse, pero sólo con el fin de liberar la vida interna y construir un mejor y más satisfactorio me­dio de expresión y así estar a la altura de la misión para la cual se la envió.

Lo mismo se observa en las distintas escuelas de pensamiento. Todas expresan una idea mediante una particular forma o conjunto de formas, y debe recordarse que la triple vida detrás de cada forma es una, aunque los vehículos de expresión sean diversos y resulten inadecuados en el transcurso del tiempo.

Entonces ¿qué propósito subyace en este interminable proceso de la construcción de formas y en esta combinación de formas menores? ¿Cuál es la razón de todo ello y cuál su finalidad? Con seguridad debe ser el desarrollo de cualida­des, la expansión de la conciencia, el desenvolvimiento de la comprensión la obtención de los poderes de la siquis o alma, la evolución de la inteligencia, la demostración gradual de la idea básica o propósito que esa gran Entidad llamada Logos o Dios, está llevando a cabo por medio del sistema solar. Es la demostración de Su calidad psíquica, porque Dios es Amor inteligente, y cumple su determinado propósito, porque Dios es Voluntad inteligente y amorosa.

Para cada uno de los diferentes tipos y grados de áto­mos existe un propósito y una finalidad. Hay una meta para el átomo químico, hay una etapa de realización para el átomo humano, el hombre; algún día el átomo planetario manifestará su propósito fundamental y, eventualmente, se revelará la gran Idea que subyace detrás del sistema solar. ¿Sería posible en breves momentos de estudio adquirir un sólido concepto de lo que puede ser este propósito? Quizá tengamos una idea amplia y general si abordamos el tema con suficiente reverencia y sensible perspectiva, teniendo en cuenta que únicamente es dogmatizada por el ignorante y que sólo el imprudente se ocupa detalladamente al conside­rar estos estupendos tópicos.

Hemos visto ya que el átomo químico, por ejemplo, denota inteligencia, vestigios de una mente discernidora y de una rudimentaria capacidad selectiva. Así la diminuta vida dentro de la forma atómica manifiesta cualidad psíquica. El átomo entra en la construcción de las diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez adquiere algo de acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa for­ma y mantiene su homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la construcción de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente discernidora y selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal aparecen estas dos cualidades y además una tercera, podría denominársela sensación rudimentaria. La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante la transición de una forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta al contacto y su percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la conciencia consideraremos más ampliamen­te este punto; pero ahora me limito a demostrar que las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo denotan discernidora inteligencia y elasticidad, sino tam­bién capacidad de sensación, o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o sentimiento, pues la emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal, donde las formas animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino el instinto, o lo que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos al ser humano, que muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el cuarto reino es el macrocosmos de los tres reinos inferio­res. El hombre demuestra actividad inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha agregado otro factor, la volun­tad inteligente. Es la deidad de su propio y pequeño sistema. Y no sólo es consciente sino autoconsciente. Construye su propio cuerpo de manifestación, como lo construye el Logos, aunque en menor escala. Rige su sistema por la ley de atrac­ción y repulsión, lo mismo que el Logos, y energetiza y sin­tetiza su triple naturaleza en una coherente unidad. Es el tres en uno y el uno en tres, lo mismo que el Logos.
Todo átomo tiene su porvenir en el sistema solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa meta, y a medida que transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los sucesivos reinos de la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.

Ampliando la idea podemos considerar esa excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene en Su conciencia todos los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su Inteligencia, animadora de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el átomo humano? Quizás con el correr del tiempo, su actual conoci­miento pueda ser también el nuestro, y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los planetas del sistema solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud de conciencia que caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora del sistema solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia que se extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema solar, no haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una gradual expansión y evolución de una forma de mani­festación inteligente a otra, y siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio de la experiència.

Cuando hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando resulte evidente que existe un propósito y orientación que subyace en todo, cuando nos demos cuenta que nada ocurre que no sea resultado de la consciente voluntad de alguna entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo y meta, entonces tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos suceder a nuestro alrededor en el mundo. Por ejemplo, si comprendemos que debemos construir y cuidar el cuerpo físico, que controlamos nuestra naturaleza emocional y somos responsables de desarrollar nuestra mente; si comprendemos que somos factores energetizadores de nuestro cuerpo, y que al retirarnos de él se desintegra y desmorona, quizá entonces tengamos la clave de lo que puede estar haciendo la Vida animadora del planeta al actuar por medio de todo tipo de forma (continen­tes, civilizaciones, religiones y organizaciones) en el mundo, entonces quizás tengamos la clave de lo que ha sucedido en la Luna, que es hoy una forma en desintegración, lo que está sucediendo en el sistema solar, y lo que sucederá en él, cuando el Logos retire lo que para Él sólo es una manifestación temporaria.

Apliquemos prácticamente estas ideas. En la actualidad atravesamos un período donde todas las corrientes de pensa­miento se desintegran; la vida religiosa de los pueblos ya no es lo que era, y los dogmas y doctrinas de todo tipo caen bajo el escalpelo de la crítica. Muchas formas antiguas del pen­samiento científico se desintegran, y se conmueven los ci­mientos de las antiguas filosofías. El destino nos ha deparado uno de los períodos más difíciles de la historia mundial, ca­racterizado por el derrumbe de las naciones, la ruptura de antiguas relaciones y vínculos y la evidentemente inminen­te dislocación de la civilización. Sería un estimulo recordar que todo esto ocurre porque la vida de esas formas es tan pujante, que las considera una prisión y limitación; debe tenerse presente que este período de transición entraña la mayor promesa que jamás conociera el mundo. No hay lugar para el pesimismo ni la desesperación, sino para el máximo optimismo. Muchos se contrarían y afligen al ver sacudirse los cimientos, ante la amenaza de derrumbarse las tan cuidadosamente erigidas y profundamente queridas estructuras del pensamiento, creencias religiosas y los con­ceptos filosóficos; no obstante, sentimos ansiedad porque la forma nos ha absorbido demasiado y también porque nos ocupamos en demasía de nuestra prisión, y si sobreviene la desintegración, es sólo para que la vida construya para sí nuevas formas y pueda evolucionar. Tanto la tarea del des­tructor como la del constructor constituyen el trabajo de Dios, y el gran dios de la destrucción debe aplastar y destruir formas, a fin de facilitar el trabajo del constructor para que el espíritu pueda expresarse más adecuadamente.

A muchos les parecerán novelescas, fantásticas e insos­tenibles estas ideas, y aunque sólo sean hipótesis pueden ser interesantes y darnos la clave del misterio. Vemos la des­trucción de la civilización, vemos tambalearse la trama re­ligiosa, las filosofías vapuleadas y sacudidos los cimientos de la ciencia materialista. Pero, después de todo, ¿qué son las civilizaciones?, ¿qué las religiones?, ¿qué las grandes razas? Sencillamente las formas en que se manifiesta esa grande y triple Vida central que anima nuestro planeta y trata de expresarse. Así como nosotros nos expresamos por medio de la naturaleza física, emocional y mental, así Él se manifiesta por medio de los reinos de la naturaleza, de las naciones, razas, religiones, ciencias y filosofías, existen­tes hoy. Cuando Su vida palpita en cada sector de Su ser, nosotros, como átomos y células de esa gran manifestación, pasamos etapa tras etapa por cada transición. Al transcurrir el tiempo y al ampliar nuestra conciencia, adquirimos ma­yor conocimiento de Su plan, tal como Lo lleva a cabo, pu­diendo eventualmente colaborarse con Él en Su propósito essencial.

Resumiendo el pensamiento central de esta conferen­cia, tratemos de reconocer que no existe tal cosa como ma­teria inorgánica, que cada átomo es una vida, que todas las formas son vivientes y que cada una de ellas es la expresión de una entidad inmanente. Comprendamos que esto tam­bién atañe al conglomerado de formas. He aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave del enigma del sistema solar.

 (*) Este artículo fue publicado en fecha 31/01/2015 en el blog "En Compañía del Alma"

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