martes, 10 de octubre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Forma o la Evolución Grupal (IV) (Alice A. Bailey) (*)


 
Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


FUNDACIÓN LUCIS TRUST
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LA EVOLUCIÓN DE LA FORMA O LA EVOLUCIÓN GRUPAL

TERCERA CONFERENCIA

Esta noche ampliaré la idea fundamental y el concepto de la unidad consciente o inteligente, desarrollada parcialmen­te en la conferencia anterior. Se ha dicho que toda evolu­ción procede de lo homogéneo, pasa por lo heterogéneo y retorna a lo homogéneo, y se ha puntualizado que:

"La evolución es una continua marcha acelerada de todas las partículas del universo, llevadas simultáneamente por un camino de destrucción, pero en for­ma ininterrumpida y sin pausa, desde el átomo material hasta la conciencia universal, donde se conocen la omnipotencia y la omnisciencia, en otras palabras, el pleno conocimiento de lo Absoluto de Dios."

La evolución procede desde esas diminutas diversifica­ciones llamadas átomos y moléculas; asciende hasta sus con­glomerados al constituirse en formas, y sigue a través de la construcción de esas formas a otras mayores, hasta formar el sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley, y las mismas leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar. El macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se refleja en los átomos menores.

Estas observaciones y la conferencia anterior concier­nen principalmente a la manifestación material de un sis­tema solar, pero en posteriores conferencias pondré el én­fasis principalmente en lo que podría llamarse evolución síquica, o gradual manifestación y desenvolvimiento evolutivo de la subjetiva inteligencia o conciencia, que se halla detrás de la manifestación objetiva..

Dividiremos esta conferencia en cuatro partes. Prime­ro, veremos el proceso evolutivo, que en este caso particular es la evolución de la forma o del grupo; después el método para el desarrollo grupal; seguirá el estudio de las etapas que deben recorrerse durante el ciclo de evolución, y, finalmente, trataremos de ser prácticos y extraer de nuestras con­clusiones alguna lección aplicable a la vida diària.

Ante todo conviene considerar parcialmente lo que en realidad es la forma. El diccionario la define diciendo que "es la configuración externa de un cuerpo". Esta definición subraya lo externo, lo tangible y la manifestación exotérica. El mismo concepto subyace en el significado etimológico de la palabra manifestación, que deriva de dos palabras lati­nas: manus, mano, y fendere, tocar, esto es, tocar con la mano. Este significado sugiere una triple idea, en el sentido de que se puede sentir, tocar y comprender como algo tangi­ble. Sin embargo, en ambas interpretaciones se prescinde de la parte más vital del concepto, por lo cual debernos bus­car una definición más adecuada. A mi entender, Plutarco expresa con mucha más claridad que los diccionarios, la idea de la manifestación de lo subjetivo mediante la forma objetiva, cuando dice:

"Una idea es un ser incorpóreo que no tiene subsis­tencia propia, pero da forma y figura a la informe ma­teria, y es la causa de la manifestación."

Tenemos aquí una interesante frase de verdadero signi­ficado esotérico, y compensará el cuidadoso estudio y consi­deración que de ella se haga, pues contiene un concepto aplicable no sólo a una pequeña manifestación, el átomo químico y el físico, sino a todas las formas que éstos consti­tuyen, incluyendo la manifestación del ser humano y la deidad de un sistema solar, la excelsa Vida, la omniabar­cante Mente universal, el vibrante Centro de energía, la incluyente Conciencia denominada Dios, Fuerza o Logos, esa Existencia que se manifiesta por medio del sistema solar.

En la Biblia cristiana el mismo pensamiento está corro­borado por San Pablo en una carta a la Iglesia de Efesios. En el segundo capítulo de la epístola a los Efesios, dice:

"Porque somos a hechura suya" . Pero la exacta traducción del griego es: "Somos su poema o idea". El pensamiento del apóstol es que por medio de cada vida humana o del conjunto de vidas que constituyen un sistema solar, Dios, me­diante la forma, cualquiera sea, está llevando a cabo una idea, un concepto específico, un detallado poema. El hombre es un pensamiento corporificado, y tal es el concepto latente en la definición de Plutarco. Tenemos en ella, primero, la idea de una entidad autoconsciente, después, el pensamiento o propósito que dicha entidad trata de expresar y, finalmen­te, el cuerpo o forma, resultado secuencial.

Al hablar de la Deidad, el Nuevo Testamento emplea con frecuencia la palabra Logos. El término Logos, tradu­cido como el Verbo, se utiliza frecuentemente en el Nuevo Testamento al referirse a la Deidad. El pasaje más notable en este punto es el primer capítulo del Evangelio de San Juan, que dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Consideraremos breve­mente el significado de esta expresión. La traducción literal es "el Verbo", y ha sido definido como "la expresión obje­tiva de un pensamiento oculto". Si tomamos cualquier sus­tantivo o palabra similar, por ejemplo, y estudiamos su significación objetiva, descubriremos que siempre expresa a la mente un definido pensamiento, involucrando propósito, intención o quizás algún concepto abstracto. Si empleamos ese mismo método incluyendo la idea de la Deidad o del Logos, se esclarecerá el abstruso tema de la manifestación de Dios o Inteligencia central, mediante la forma material, sea que Lo veamos manifestándose en la minúscula forma de un átomo químico o en Su gigantesco cuerpo físico denominado sistema solar.

En la conferencia anterior vimos algo que puede apli­carse a todos los átomos y constituye cierta notable caracte­rística que los científicos de todas partes van reconociendo. Se ha demostrado que los átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria inteligencia. El átomo demuestra po­seer la facultad de discernir y el poder de seleccionar, la capacidad de atraer o repeler. Podrá parecer extraño el em­pleo de la palabra inteligencia con relación a un átomo químico, no obstante, la etimología de la palabra incluye perfectamente esta idea. Deriva de dos palabras latinas:

inter, entre, y legere, elegir. Por lo tanto, la inteligencia es la facultad de pensar o elegir, seleccionar y discernir. En realidad es ese algo abstracto e inexplicable que reside detrás de la gran ley de atracción y repulsión, una de las leyes básicas de la manifestación. Esta fundamental facul­tad de la inteligencia caracteriza a toda la materia atómica y rige también la construcción de las formas o conglomera­ción de átomos.

Anteriormente nos ocupamos del átomo en sí, pero no lo consideramos cuando interviene en la construcción de la forma o de esa totalidad de formas denominadas reino de la naturaleza. Consideramos también parcialmente la natura­leza esencial del átomo y su incipiente característica de inteligencia y destacamos aquello con lo cual están construidas las distintas formas tal como las conocemos -las del reino mineral, vegetal, animal y humano. En la totalidad de las formas tenemos toda la naturaleza, tal como generalmente se comprende.

Ampliemos la idea, desde las formas individuales que constituyen cada uno de los cuatro reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando esa forma aún mayor denominada reino y observemos a éste como una unidad consciente, formando un todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede considerarse como una forma a tra­vés de la cual puede manifestarse determinado tipo o grado de conciencia. También así, el conglomerado de formas animales constituye esa forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un cuerpo aún mayor. Por medio de ese reino procura expresarse una vida consciente, y por el conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida subjetiva mayor.

En los cuatro reinos mineral, vegetal, animal y humano, tenemos tres factores, siempre que, lógicamente, la base de nuestro razonamiento sea correcta: primero, el átomo original es una vida; segundo, las formas están construidas por una multiplicidad de vidas, y proporcionan un coherente conjunto, a través del cual una entidad subjetiva lleva a cabo un propósito; tercero, la vida central dentro de la forma constituye su impulso directriz, la fuente de su energía, el origen de su actividad y lo que mantiene unida la forma como una unidad.

Esta idea puede aplicarse al hombre, y para los propó­sitos de esta conferencia podemos definirlo como esa energía central, vida o inteligencia, que actúa por medio de una manifestación material, o forma construida por miríadas de vidas menores. Sobre el particular diré que en el mo­mento de la muerte se ha observado frecuentemente un extraño fenómeno. Hace algunos años me llamó la atención sobre esto, una de las más hábiles enfermeras quirúrgicas de la India, que durante mucho tiempo fue atea, pero había comenzado a dudar de su incredulidad después de haber sido testigo de ese fenómeno repetidas veces. Me explicó que en el momento de la muerte, en diversos casos, había visto surgir de la cima de la cabeza un destello de luz, y que en un caso particular, al morir una joven de evidente avanzado desarrollo espiritual, de gran pureza y santidad de vida, quedó el aposento iluminado momentáneamente como por una luz eléctrica. Además, hace poco, en una de nuestras populosas ciudades meridionales, varias eminencias médicas recibieron una carta, donde un investigador preguntaba si habían observado algún fenómeno particular en el momen­to de la muerte. Algunas respondieron haber visto una luz azulada surgiendo de la cima de la cabeza del moribundo, y una o dos afirmaron que habían oído un chasquido en la cabeza. Este último caso está corroborado por el Eclesiastes, donde se menciona la rotura del cordón plateado, o de ese vínculo magnético que une la entidad que mora interna­mente, o el pensador a su vehículo de expresión. En los dos casos mencionados, se advierte una demostración visual del retiro de la luz central o vida, y la consiguiente desintegra­ción de la forma y dispersión de las miríadas de vidas me­nores.

A algunos les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo químico es una infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que mantiene girando a su alrededor los electrones negativos, también las formas de los reinos de la naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado de conciencia o inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos como la expresión física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar a reconocer que cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de esa Vida o Entidad superior, llamada en algunas Escri­turas, el Hombre celestial. Llegamos finalmente al concepto de que el sistema solar es sólo un conglomerado de los rei­nos de las formas y el Cuerpo de un Ser que Se expresa por su intermedio y lo utiliza para llevar a cabo un definido propósito y una idea central. En todas estas ampliaciones de nuestra hipótesis final vemos la misma triplicidad; una Vida o Entidad animadora que se manifiesta por medio de una forma o una multiplicidad de formas y denota inteligencia discriminadora.

No es posible ocuparnos del método de la construcción de formas ni ampliar el estudio del proceso evolutivo por cuyo medio los átomos se combinan en formas, y las formas se agrupan formando esa unidad mayor que llamamos reino de la naturaleza. Dicho método podría resumirse en tres términos: involución, o sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión, por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma logra el conocimiento y el control de si misma. Todo se efectúa de acuerdo a esta ley básica. En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizán­dola como medio de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma, pro­gresa el espíritu o vida, hasta que el sendero de retorno haya sido recorrido, llegando al punto de origen. Tal es el significado de la evolución y el secreto de la encarnación cósmica. Eventualmente el espíritu se zafa de la forma, logra la liberación y desarrolla una cualidad sí­quica y graduada expansión de conciencia. Consideremos brevemente estas etapas. Tenemos en el primer caso el pro­ceso de involución. En este período se limita la vida dentro de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y millones de años. En este gran ciclo par­ticipa todo tipo de vida. Concierne a la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adap­tación, donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el período en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está adecuada a las ne­cesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la vida interna se desarrolla y amplia, se va cristalizando para­lelamente la forma, y ya no es apropiada como medio de expresión. Después del período de cristalización tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación, utilización, cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca la vida de una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que trata de expresarse por medio de la materia.

Apliquemos este pensamiento al ser humano. Al tomar forma física es donde se ve el proceso de limitación, y tam­bién en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre hen­chido de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es inca­paz de expresarlos o satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el hombre comienza a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por medio de las miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus cuerpos, físicos, emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a obedecer sus mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan, para bien o para mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta donde es capaz, llegando a lo que denominamos ma­durez. Finalmente, en las etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre reconoce lo inade­cuado de la misma, entonces sobreviene la feliz liberación llamada muerte, ese solemne momento en que el "aprisio­nado espíritu" escapa de los muros de su forma física. Nues­tras ideas sobre la muerte han sido erróneas. Hemos consi­derado a la muerte como terrible final, pero en realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada.

Ideas análogas pueden aplicarse a todas las formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas de gobierno, de religión, de ciencia y de filosofía, y su actuación en forma peculiar e interesante puede verse en este ciclo en que vivimos. Todo se halla en estado de flujo. Cambia el antiguo orden y está en marcha un período de transición; en toda corriente de pensamiento se desintegran las viejas formas, pero únicamente para que la vida que les dio el ser, pueda liberarse y construir para si lo que será más satisfactorio y adecuado. Tomemos, por ejemplo, la vieja forma religiosa de la fe cristiana; quisiera que no me interpreten mal, por­que no trato de demostrar que es inadecuado el espíritu del cristianismo ni que sean erróneas sus bien comprobadas y experimentadas verdades; Tan sólo trato de señalar que la forma por cuyo intermedio trató de expresarse ese espíritu, ha servido su propósito y constituye una limitación. Las mismas grandes verdades y las mismas ideas fundamentales requieren un vehículo más adecuado a través del cual actuar. Los pensadores cristianos en esta  época, deben dife­renciar cuidadosamente entre las vitales verdades del cris­tianismo y la cristalizada forma teológica. El impulso vi­viente fue dado por Cristo. Enunció esas grandes y eternas verdades y las envió para adquirir forma y satisfacer la necesidad de un sufriente mundo. Fueron limitadas por la forma, y sobrevino un largo período en que esa forma (dog­mas y doctrinas religiosas) creció gradualmente y se confi­guró. Transcurrieron siglos durante los cuales la forma y la vida parecieron estar mutuamente adaptadas, y los ideales cristianos se expresaron por medio de dicha forma. Ahora ha llegado el período de cristalización, y la conciencia cris­tiana en expansión halla inadecuadas y restrictivas las limi­taciones de los teólogos. La gran trama de dogmas y doctri­nas erigida por los eclesiásticos y teólogos de las edades, debe inevitablemente desintegrarse, pero sólo con el fin de liberar la vida interna y construir un mejor y más satisfactorio me­dio de expresión y así estar a la altura de la misión para la cual se la envió.

Lo mismo se observa en las distintas escuelas de pensamiento. Todas expresan una idea mediante una particular forma o conjunto de formas, y debe recordarse que la triple vida detrás de cada forma es una, aunque los vehículos de expresión sean diversos y resulten inadecuados en el transcurso del tiempo.

Entonces ¿qué propósito subyace en este interminable proceso de la construcción de formas y en esta combinación de formas menores? ¿Cuál es la razón de todo ello y cuál su finalidad? Con seguridad debe ser el desarrollo de cualida­des, la expansión de la conciencia, el desenvolvimiento de la comprensión la obtención de los poderes de la siquis o alma, la evolución de la inteligencia, la demostración gradual de la idea básica o propósito que esa gran Entidad llamada Logos o Dios, está llevando a cabo por medio del sistema solar. Es la demostración de Su calidad psíquica, porque Dios es Amor inteligente, y cumple su determinado propósito, porque Dios es Voluntad inteligente y amorosa.

Para cada uno de los diferentes tipos y grados de áto­mos existe un propósito y una finalidad. Hay una meta para el átomo químico, hay una etapa de realización para el átomo humano, el hombre; algún día el átomo planetario manifestará su propósito fundamental y, eventualmente, se revelará la gran Idea que subyace detrás del sistema solar. ¿Sería posible en breves momentos de estudio adquirir un sólido concepto de lo que puede ser este propósito? Quizá tengamos una idea amplia y general si abordamos el tema con suficiente reverencia y sensible perspectiva, teniendo en cuenta que únicamente es dogmatizada por el ignorante y que sólo el imprudente se ocupa detalladamente al conside­rar estos estupendos tópicos.

Hemos visto ya que el átomo químico, por ejemplo, denota inteligencia, vestigios de una mente discernidora y de una rudimentaria capacidad selectiva. Así la diminuta vida dentro de la forma atómica manifiesta cualidad psíquica. El átomo entra en la construcción de las diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez adquiere algo de acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa for­ma y mantiene su homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la construcción de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente discernidora y selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal aparecen estas dos cualidades y además una tercera, podría denominársela sensación rudimentaria. La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante la transición de una forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta al contacto y su percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la conciencia consideraremos más ampliamen­te este punto; pero ahora me limito a demostrar que las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo denotan discernidora inteligencia y elasticidad, sino tam­bién capacidad de sensación, o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o sentimiento, pues la emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal, donde las formas animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino el instinto, o lo que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos al ser humano, que muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el cuarto reino es el macrocosmos de los tres reinos inferio­res. El hombre demuestra actividad inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha agregado otro factor, la volun­tad inteligente. Es la deidad de su propio y pequeño sistema. Y no sólo es consciente sino autoconsciente. Construye su propio cuerpo de manifestación, como lo construye el Logos, aunque en menor escala. Rige su sistema por la ley de atrac­ción y repulsión, lo mismo que el Logos, y energetiza y sin­tetiza su triple naturaleza en una coherente unidad. Es el tres en uno y el uno en tres, lo mismo que el Logos.
Todo átomo tiene su porvenir en el sistema solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa meta, y a medida que transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los sucesivos reinos de la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.

Ampliando la idea podemos considerar esa excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene en Su conciencia todos los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su Inteligencia, animadora de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el átomo humano? Quizás con el correr del tiempo, su actual conoci­miento pueda ser también el nuestro, y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los planetas del sistema solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud de conciencia que caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora del sistema solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia que se extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema solar, no haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una gradual expansión y evolución de una forma de mani­festación inteligente a otra, y siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio de la experiència.

Cuando hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando resulte evidente que existe un propósito y orientación que subyace en todo, cuando nos demos cuenta que nada ocurre que no sea resultado de la consciente voluntad de alguna entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo y meta, entonces tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos suceder a nuestro alrededor en el mundo. Por ejemplo, si comprendemos que debemos construir y cuidar el cuerpo físico, que controlamos nuestra naturaleza emocional y somos responsables de desarrollar nuestra mente; si comprendemos que somos factores energetizadores de nuestro cuerpo, y que al retirarnos de él se desintegra y desmorona, quizá entonces tengamos la clave de lo que puede estar haciendo la Vida animadora del planeta al actuar por medio de todo tipo de forma (continen­tes, civilizaciones, religiones y organizaciones) en el mundo, entonces quizás tengamos la clave de lo que ha sucedido en la Luna, que es hoy una forma en desintegración, lo que está sucediendo en el sistema solar, y lo que sucederá en él, cuando el Logos retire lo que para Él sólo es una manifestación temporaria.

Apliquemos prácticamente estas ideas. En la actualidad atravesamos un período donde todas las corrientes de pensa­miento se desintegran; la vida religiosa de los pueblos ya no es lo que era, y los dogmas y doctrinas de todo tipo caen bajo el escalpelo de la crítica. Muchas formas antiguas del pen­samiento científico se desintegran, y se conmueven los ci­mientos de las antiguas filosofías. El destino nos ha deparado uno de los períodos más difíciles de la historia mundial, ca­racterizado por el derrumbe de las naciones, la ruptura de antiguas relaciones y vínculos y la evidentemente inminen­te dislocación de la civilización. Sería un estimulo recordar que todo esto ocurre porque la vida de esas formas es tan pujante, que las considera una prisión y limitación; debe tenerse presente que este período de transición entraña la mayor promesa que jamás conociera el mundo. No hay lugar para el pesimismo ni la desesperación, sino para el máximo optimismo. Muchos se contrarían y afligen al ver sacudirse los cimientos, ante la amenaza de derrumbarse las tan cuidadosamente erigidas y profundamente queridas estructuras del pensamiento, creencias religiosas y los con­ceptos filosóficos; no obstante, sentimos ansiedad porque la forma nos ha absorbido demasiado y también porque nos ocupamos en demasía de nuestra prisión, y si sobreviene la desintegración, es sólo para que la vida construya para sí nuevas formas y pueda evolucionar. Tanto la tarea del des­tructor como la del constructor constituyen el trabajo de Dios, y el gran dios de la destrucción debe aplastar y destruir formas, a fin de facilitar el trabajo del constructor para que el espíritu pueda expresarse más adecuadamente.

A muchos les parecerán novelescas, fantásticas e insos­tenibles estas ideas, y aunque sólo sean hipótesis pueden ser interesantes y darnos la clave del misterio. Vemos la des­trucción de la civilización, vemos tambalearse la trama re­ligiosa, las filosofías vapuleadas y sacudidos los cimientos de la ciencia materialista. Pero, después de todo, ¿qué son las civilizaciones?, ¿qué las religiones?, ¿qué las grandes razas? Sencillamente las formas en que se manifiesta esa grande y triple Vida central que anima nuestro planeta y trata de expresarse. Así como nosotros nos expresamos por medio de la naturaleza física, emocional y mental, así Él se manifiesta por medio de los reinos de la naturaleza, de las naciones, razas, religiones, ciencias y filosofías, existen­tes hoy. Cuando Su vida palpita en cada sector de Su ser, nosotros, como átomos y células de esa gran manifestación, pasamos etapa tras etapa por cada transición. Al transcurrir el tiempo y al ampliar nuestra conciencia, adquirimos ma­yor conocimiento de Su plan, tal como Lo lleva a cabo, pu­diendo eventualmente colaborarse con Él en Su propósito essencial.

Resumiendo el pensamiento central de esta conferen­cia, tratemos de reconocer que no existe tal cosa como ma­teria inorgánica, que cada átomo es una vida, que todas las formas son vivientes y que cada una de ellas es la expresión de una entidad inmanente. Comprendamos que esto tam­bién atañe al conglomerado de formas. He aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave del enigma del sistema solar.

 (*) Este artículo fue publicado en fecha 31/01/2015 en el blog "En Compañía del Alma"


sábado, 23 de septiembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Materia (III) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -


(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)




*          En el año 1922 el diccionario define el átomo en los siguientes términos:

"El átomo es un centro de fuerza, una fase de los fenómenos eléctricos, un centro de energía, activo por su propia construcción interna, que emite energía, ca­lor o radiación."

Tenemos entonces queel átomo es, un "vórtice anular" o Centro de fuerza, y no una partícula de lo que entendemos por sustancia tangible. Se ha demostrado que esta ultérrima partícula de la materia está compuesta de un núcleo positivo de energía, circunda­do, como el sol por los planetas, por varios electrones o corpúsculos negativos, subdividiendo así el átomo de los antiguos científicos en numerosos cuerpos menores.


*          Todo pasa por un período de transición, cambia el antiguo orden, y los viejos métodos de ver las cosas resultan falsos o inadecuados, y las caducas formas de expresar las ideas parecen inútiles.”


*          Un centro de energía o actividad, sugiere un concepto dual: la causa del movimiento o energía, y aquello que energetiza o activa.”


*          “Protilo es una palabra análoga a protoplasma, y expresa la idea de la materia original primaria, antes de la evolución de los elementos químicos (podríamos definirla también como el Eter). La palabra que me aventuré a emplear para tal propósito está­ compuesta de dos voces griegas que significan 'antes que' y la 'materia de que' están hechas las cosas“.

“La palabra "sustancia" significa lo que "está debajo" o detrás de las cosas. El éter del espacio, que es el medio en que actúa o se hace sentir la energía o fuerza.”


*          Energía y fuerza, materia y sus­tancia, podemos separarlas en nuestra mente de la manera siguiente: al referirnos a energía y sustancia consideraremos lo que aún es intangible, y emplearemos la fuerza, en cone­xión con la materia, al tratar con el aspecto objetivo que es­tudian definidamente los científicos. Sustancia es el éter en uno de sus múltiples grados, subyacente en la materia misma.”

Cuando mencionamos energía debe existir lo que ener­getiza esa fuente de energía y su origen, que se manifiesta en la materia. Esto es lo que trato de destacar. ¿De dónde procede esta energía y qué es?


*          Según dijo Edison en una entrevista publicada en 1890:

"No creo que la materia sea inerte y la mueva una fuerza externa. Me parece que todo átomo posee algo de inteligencia primitiva. Consideremos las miles de formas en que los átomos de hidrógeno se combinan con los de otros elementos para formar las diversas sus­tancias. ¿Quiere usted decir, dijo el periodista, que lo hacen sin poseer inteligencia? Los átomos en armónica y útil relación asumen hermosas e interesantes formas y colores, o exhalan un fragante aroma como si expresaran su satisfacción..., o unidos en determinadas for­mas, constituyen animales de orden inferior. Finalmen­te, se combinan en el hombre, que representa la total inteligencia de todos los átomos."

El periodista preguntó: Pero ¿de dónde procede ori­ginariamente esta inteligencia?
Edison respondió: "De algún poder superior a nosotros."
Entonces ¿cree usted en un Creador inteligente, en un Dios personal?
"Desde luego. La existencia de un Dios así, puede demostrarse, a mi entender, por medio de la química."

En una conversación publicada en 1920 en el Scien­tific American, Edison presentó unas suposiciones algunas de las cuales son:

“1. La vida es indestructible, como la materia.

2. Nuestro cuerpo está constituido por miríadas de en­tidades infinitesimales, siendo cada una en sí, una unidad de vida, así como el átomo está constituido por miríadas de electrones.

3. El ser humano actúa como un conjunto más bien que como una unidad. El cuerpo y la mente expre­san la voz y el voto de las entidades de vida.

4. Las entidades de vida construyen de acuerdo a un plan. Si parte del organismo vital es mutilado, lo reconstruyen exactamente como era antes...

5. La ciencia reconoce la dificultad de trazar una línea entre lo inanimado y lo animado. Quizás las entida­des de vida extienden sus actividades a los cristales y cuerpos químicos.

6. Las entidades de vida son inmortales, de manera que por lo menos, en esta medida, la vida eterna es una realidad que muchos anhelamos.”


*          En una alocución, tal como lo informó el Li­terary Digest El 26 de febrero de 1921, Sir Clifford Allbut, Presidente de la Asociación Británica de Médicos, dijo:

"Cuando el microbio se aloja en el cuerpo puede estar o no a tono (armonía) con algunas o todas las células con que hace contacto. Probablemente en ningún caso suceda algo morboso... , la morbosidad podría ocurrir entre el microbio y las células del cuerpo que están a su alcance y no a tono (desarmonía) con él. Es razonable suponer que cuando un microbio se acerca a una célula corpórea puede atacarla de un modo u otro, entonces el microbio inocuo se convierte en virulento. Por otra parte las cé­lulas pueden educarse para vibrar en armonía con el microbio disonante, o haber intercambio y adaptación mutua...

"Pero si esto es así, enfrentamos en verdad una ma­ravillosa y amplia facultad, la facultad de elegir, la autodeterminación o, si prefieren, la mente."” (La traducción del inglés quizás no sea la mas acertada, pero su significado final se entiende)


*          Si consideramos estas diferentes cualidades del átomo, como energía, inteligencia, capacidad de selección y recha­zo, atracción y repulsión, sensación, movimiento y deseo, tendremos algo muy parecido a la sicología de un ser hu­mano, aunque dentro de un radio más limitado y en grado más circunscrito.

Hemos visto que el átomo es una entidad viviente, un diminuto mundo vibrante, y que dentro de su esfera de influencia hay otras vidas, en análogo sentido en que el hombre es también una entidad o núcleo positivo de fuerza o vida, que mantiene dentro de su esfera de influencia a otras vidas menores, es decir, las células de su cuerpo. Esto atañe al hombre y, en la misma medida, al átomo.”


*          El concepto del átomo como manifestación positiva de energía, que contiene dentro de su campo de actividad su polo opuesto, puede extenderse no sólo a todo tipo de átomo, sino también al ser humano. Po­demos considerar a cada ente de la familia humana como un átomo humano, porque el hombre es simplemente un átomo mayor. Es centro de fuerza positiva que mantiene dentro de la periferia de su esfera de influencia las células de su cuerpo, y demuestra discernimiento, inteligencia y energía. La diferencia es sólo de grado. Posee una conciencia más amplia y vibra a una mayor medida que el diminuto átomo químico.

Podemos aún dilatar el concepto y considerar el pla­neta como un átomo. Quizás exista internamente en el planeta una vida que retiene en él la sustancia de las esferas y de todas las formas de vida en un todo coherente, con una específica esfera de influencia. Esto quizás parezca una dis­paratada especulación, pero si juzgamos por analogía, quizás exista en la esfera planetaria una Entidad cuya conciencia esté tan alejada de la del hombre, como la del hombre de la del átomo químico.

El mismo concepto puede ampliarse hasta incluir el átomo del sistema solar. En el corazón del sistema solar te­nemos el sol, centro positivo de energía, que mantiene los planetas en su esfera de influencia. Si existe inteligencia en el átomo y la hay en el ser humano, si existe en el planeta una Inteligencia que controla sus funciones, ¿no sería lógico ampliar el concepto y afirmar que existe una poderosa Inte­ligencia detrás del átomo mayor del sistema solar?

            Esto nos lleva finalmente al punto de vista sostenido por el enfoque religioso, de la existencia de un Dios o Ser divino, donde el cristiano ortodoxo diría reverentemente Dios; el científico, energía, con igual reverencia, y ambos significarían lo mismo. Cuando el maestro idealista habla del “Dios interno” que reside en la forma humana, otros con igual exactitud se referirán a la "facultad energetizadora" del hombre que lo impulsa a la actividad física, emocional y mental.

Así se mani­fiesta el Todo maravilloso y sintético. Algo de esto pensa­ría San Pablo al hablar del Hombre celestial, y cuando men­cionó el "cuerpo crístico", con toda seguridad se refirió a esos entes de la familia humana que están dentro de su es­fera de influencia y constituyen Su cuerpo, así como el con­junto de células físicas forman el cuerpo físico del hombre. Es necesario, en estos días de trastornos religiosos, demostrar que las verdades fundamentales del cristianismo son verda­des científicas. Por lo tanto, es preciso hacer científica la religión.”


*          Todo átomo de materia con inteligencia latente, discerni­miento, facultad selectiva, llegará en el transcurso de los eo­nes a una etapa avanzada de conciencia llamada humana. Ciertamente podemos también suponer que el átomo humano progresa hacia algo aún más ampliamente consciente y que con el tiempo alcanzará la etapa de desarrollo de esas excelsas Entidades cuyos cuerpos constituyen los átomos pla­netarios. Cabe preguntarse, ¿qué les espera a esas entidades? Alcanzar ese estado omnincluyente de conciencia llamado Logos solar. Si nos consideramos científicamente centros de fuerza, mantenien­do la materia de nuestro cuerpo dentro de nuestra esfera de control y actuando en y dentro de ellos, tendremos una hi­pótesis capaz de interpretar todo el plan cósmico. Si como insinúa Einstein, nuestro sistema solar es sólo una esfera, se deduce que éste a su vez es un átomo cósmico; así nos ubicaríamos dentro de un sistema aún mayor y tendríamos un centro alrededor del cual gira nuestro sistema solar, co­mo lo hace el electrón respecto al átomo.”


*          “Al considerar ampliamente los átomos del sistema so­lar, incluyendo el sistema mismo, existen dos cosas notables:

Primero, la vida y la actividad intensas del átomo mismo y su energía atómica interna; segundo, su interacción con otros átomos -repeliendo a unos y atrayendo a otros. De estos hechos podemos deducir que el método de evolución de cada átomo, se debe a dos causas: su vida interna y su interacción o intercambio con los demás átomos. Ambas etapas son evidentes en la evolución del átomo humano. Todos so­mos conscientes que estamos centrados en nosotros mismos, consideramos todas las cosas desde nuestro propio punto de vista, y los acontecimientos externos resultan interesantes siempre que nos conciernen. Tratamos las cosas si nos afec­tan personalmente, y en determinada etapa de nuestra evo­lución lo que le ocurre a los demás nos parece importante si nos atañe. En esta etapa se hallan muchos actualmente y es característica de la mayoría, siendo el período de in­tenso individualismo, donde el concepto yo es de suprema importancia. Involucra mucha actividad interna.

El segundo método de evolución del átomo humano es por medio de su interacción con los demás átomos, y esto es algo que recién ahora alborea en la inteligencia humana, asumiendo su justa importancia, pues sólo comenzamos a comprender la relativa significación de la competencia y de la colaboración, y estamos en vísperas de saber que no podemos vivir egoístamente, en forma independiente del gru­po al que pertenecemos; empezamos a aprender que si nues­tros hermanos se detienen y no progresan y si otros átomos humanos no vibran debidamente, cada átomo del cuerpo colectivo es afectado. Nadie será perfecto hasta que las de­más unidades alcancen el más pleno y completo desarrollo.”


*          “Trato de señalar la necesidad de descubrir el lugar en el grupo al que por naturaleza pertenecemos, donde somos como electrones para la carga positiva y, una vez descubierto, realizar nuestra ta­rea dentro del átomo mayor, el grupo.

Si es verdad que todas las células de nuestro cuerpo son, por ejemplo, electrones que mantenemos en coherencia, y si somos el factor energetiza­dor dentro de la forma material, es de suma importancia re­conocerlo y ocuparnos correcta y cientificamente de esa forma y sus átomos. Esto implica el cuidado práctico del cuerpo físico y la adaptación inteligente de toda nuestra energía al trabajo que se debe realizar y a la naturaleza de nuestro objetivo, pues es necesaria la sensata utilización del conjunto de células, nuestro instrumento o herramienta, y nuestra esfera de manifestación.”


*          “Avanzamos hacia ese período en que la ciencia y la religión se ayudarán mutuamente, y la filosofía contribuirá al cono­cimiento de la verdad.”


*          Si las cosas son misteriosas e inexplicables para nosotros, será porque la gran Entidad que se ma­nifiesta por medio de nuestro planeta está llevando a cabo un propósito y plan definidos, análogamente a como lo ha­cemos en nuestras vidas. A veces llevamos el cuerpo físico a situaciones donde le producimos dificultades dolorosas y agobiadoras; aceptada la hipótesis tratada, es lógico suponer que la gran Inteligencia de nuestro planeta también lleva su cuerpo de manifestación -que incluye la familia huma­na- a situaciones angustiosas para los átomos. Ciertamente es lógico suponer que el misterio de cuanto vemos a nuestro alrededor está oculto en la voluntad o inteligente propósito de esa Vida mayor que actúa a través de nuestro planeta, como el hombre actúa a través del cuerpo físico. Sin embargo, esa Vida, esa Inteligencia superior a la nuestra, es un átomo de una esfera aún mayor, donde mora el Logos solar, la inteligencia que contiene todas las vidas menores.”

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - La Evolución de la Materia (III) (Alice A. Bailey) (*)


 
Alice A. Bailey (como algunas/os de vosotras/os quizás conozcáis) escribió una serie de libros, algunos de suyos como este ("La Conciencia del Átomo") y otros con enseñanzas dadas por el Maestro Djwhal Khul (mas conocido como el Maestro Tibetano).

Este libro trata de la relación científica entre materia y consciencia, en una época en que la evolución influencia progresivamente la sustancia de todas las formas. El "átomo" aparece como la réplica miniaturizada más completa de la estructura energética común a todas las formas de vida: cósmica, planetaria, humana y subhumana"

Paulatinamente iremos añadiendo nuevos capítulos del libro para poder tratarlos con "la suficiente tranquilidad y mente abierta", aspectos indispensables para poder profundizar en estos temas.

Recordemos que el libro fue escrito hace casi 100 años, por lo que algunas expresiones, aspectos y comentarios que puedan aparecer en el mismo han de considerarse como de aquella época y, por tanto, quizás no coincidan del todo con la realidad actual.

Si alguien estuviese interesado en obtener mas información sobre A. A. Bailey, la Escuela Arcana y/o el Maestro Tibetano (Djwhal Khul), puede consultar los enlaces siguientes:


FUNDACIÓN LUCIS TRUST
  
LA EVOLUCIÓN DE LA MATERIA 

SEGUNDA CONFERENCIA

"Evidentemente en una serie de conferencias como éstas no puede tratarse concretamente un tópico tan importante, aunque yo tuviera la suficiente preparación para dictar cátedra sobre un asunto tan fundamentalmente científico. Además, si las conclusiones de la ciencia sobre la evolución de la materia fueran definitivas, el tema sería, aún así, demasiado vasto para tratarlo, pero como no lo son, de ahí proviene su mayor complicación. Esta noche quiero enunciar previamente que mi objetivo consiste en hablar especialmente a quienes carecen de conocimiento científico, para darles un concepto general de las ideas comúnmente aceptadas. Por lo tanto, haré algunas sugerencias que ayudarán a ajustar nuestras mentes a este gran problema de la materia. Por lo común se ha presentado el aspecto sustancia de la manifestación en forma separada y sólo últimamente se presentó al público lo que podría llamarse "sicología de la materia", mediante las investigaciones y conclusiones de científicos de mente más amplia.

La semana pasada, como recordarán, traté de indicarles en forma extensa y general, que existían tres líneas de acercamiento para estudiar el universo material. Tenemos la línea que sólo considera el aspecto materialista y se ocupa únicamente de lo visible, tangible y demostrable. La segunda línea es el supernaturalismo que reconoce más el aspecto denominado divino que el aspecto material de las cosas; trata de los aspectos de la vida y del espíritu, considerando esa vida como una potestad extraña al sistema solar y al hombre, y a esa Potestad como un gran Agente creador, que guía y crea el universo objetivo, aunque permanece fuera de él. Ambas líneas de pensamiento son postuladas por científicos francamente materialistas y también por los cristianos ortodoxos y los deístas de todos los credos.

Mencioné también una tercera línea denominada concepto idealista, la cual reconoce la forma material, ve la vida dentro de ella y admite una conciencia que evoluciona por medio de la forma externa. Es la línea que destacaré e insinuaré en estas conferencias, porque ningún orador puede, después de todo, disociarse totalmente de su propio punto de vista, habiéndome propuesto desarrollar en estas charlas la tercera línea, porque para mí sintetiza las otras dos y añade ciertos conceptos que producen un conjunto coherente cuando se fusiona con ambas. A ustedes les corresponde decidir si este tercer punto de vista es lógico, razonable o claro.

Para la mayoría de nosotros, la realidad más común de la vida es el mundo material, el cual podemos ver y tocar con los cinco sentidos, y los pensadores metafísicos denominan "no-yo", o lo objetivo para cada uno de nosotros. Como sabemos, la tarea del químico es reducir las sustancias conocidas a sus elementos simples, y hasta no hace mucho tiempo se creyó haberlo logrado satisfactoriamente. Las conclusiones del químico señalaban entre setenta y ochenta el número de elementos conocidos. Sin embargo, hace más o menos veinte años, en 1898, se descubrió un nuevo elemento que se lo denominó radio, y este descubrimiento revolucionó totalmente las ideas mundiales sobre la materia y la sustancia. Si consultamos los libros de texto del siglo pasado, o buscamos en los antiguos diccionarios la definición del átomo, veremos citado a Newton, quien lo definía como la última, indivisible y dura partícula de la materia, algo imposible de mayor subdivisión. Se lo consideró el ultérrimo átomo del universo, y los científicos de la Era Victoriana lo denominaron "la piedra fundamental del universo", creyendo que habían llegado hasta donde era posible llegar y que habían descubierto todo lo subyacente detrás de la manifestación y de la objetividad misma. Pero, descubierto el radio y otras sustancias radiactivas, fue necesario encarar un nuevo aspecto de la situación, y, evidentemente, se vio que lo que hasta entonces se había tenido por la ultérrima partícula, no era tal. Hoy el diccionario define el átomo en los siguientes términos:

"El átomo es un centro de fuerza, una fase de los fenómenos eléctricos, un centro de energía, activo por su propia construcción interna, que emite energía, calor o radiación."

Por lo tanto, el átomo es, según conjeturaba Lord Kelvin, en 1867, un "vórtice anular" o Centro de fuerza, y no una partícula de lo que entendemos por sustancia tangible. Se ha demostrado que esta ultérrima partícula de la materia está compuesta de un núcleo positivo de energía, circundado, como el sol por los planetas, por varios electrones o corpúsculos negativos, subdividiendo así el átomo de los antiguos científicos en numerosos cuerpos menores. Los elementos difieren según el número y disposición de estos negativos electrones alrededor de su núcleo positivo, y giran o circulan en torno a esta carga central de electricidad, como nuestro sistema planetario gira alrededor del sol. El profesor Soddy, en uno de sus últimos libros, señala que en el átomo puede observarse todo un sistema solar -con su sol central y los planetas que recorren sus órbitas a su alrededor.

 Resulta evidente para cada uno, que al analizar y estudiar esta definición del átomo, surge un concepto totalmente nuevo de la sustancia. Por lo tanto, las aseveraciones dogmáticas están fuera de lugar, porque nos damos cuenta que probablemente un próximo descubrimiento puede revelar que los electrones son mundos dentro de otros mundos. Hay una interesante conjetura sobre estas líneas en un libro escrito por un pensador científico, donde sugiere dividir y subdividir el electrón en lo que denomina "sicones", y penetrar así en reinos que ahora no se consideran físicos. Quizás sea esto un sueño, pero lo que trato de plasmar en mi mente y en la de ustedes, es que apenas sabemos dónde nos encontramos respecto a las ideas científicas, como tampoco sabemos dónde nos hallamos en los mundos religioso y económico. Todo pasa por un período de transición, cambia el antiguo orden, y los viejos métodos de ver las cosas resultan falsos o inadecuados, y las caducas formas de expresar las ideas parecen inútiles. Todo cuanto cabe ahora al hombre inteligente es reservar su opinión, cerciorarse de lo que cree ser la verdad, y entonces esforzarse por sintetizar ese aspecto particular de la verdad universal con el aspecto aceptado por su semejante.

Podemos entonces considerar que el átomo se resuelve en electrones, y expresarlo en términos de fuerza o energía. Un centro de energía o actividad, sugiere un concepto dual: la causa del movimiento o energía, y aquello que energetiza o activa. Esto nos conduce directamente al campo de la psicología, porque siempre se ha considerado que la energía o fuerza es una cualidad, y donde hay cualidad estamos realmente considerando el campo de los fenómenos síquicos.

Al ocuparnos de la materia aparecen continuamente ciertos términos comunes, factibles de una amplia diversidad de definiciones. Al hojear días pasados un libro científico, me desalentó saber que el autor decía que eran totalmente diferentes los átomos del químico, del físico, del matemático y del metafísico, y ésta es una de las razones para no dogmatizar sobre estas cuestiones. Sin embargo, correcta o no, tengo que presentar una hipótesis bien definida. Al hablar del radio, probablemente nos aventuremos en el reino de la sustancia etérea, la región del éter o del protilo, palabra acuñada por Sir William Crookes, que la definió como:

"Protilo es una palabra análoga a protoplasma, y expresa la idea de la materia original primaria, antes de la evolución de los elementos químicos. La palabra que me aventuré a emplear para tal propósito está compuesta de dos voces griegas que significan 'antes que' y 'la materia de que están hechas las cosas“.

Por lo tanto, estamos retrotrayendo el concepto de la materia al punto en que siempre lo ubicó la escuela oriental, a la materia primordial, llamada también por los orientalistas "éter primordial", aunque debe recordarse que el éter de la ciencia está infinitamente lejos del éter primordial del ocultista oriental, el cual nos lleva de vuelta a ese intangible algo, base de las cosas objetivas que vemos, tocamos y manejamos. La palabra "sustancia" significa lo que "está debajo" o detrás de las cosas. En consecuencia, sólo podemos decir en relación con el éter del espacio, que es el medio en que actúa o se hace sentir la energía o fuerza. Cuando en estas Conferencias hablé de energía y fuerza y de materia y sustancia, podemos separarlas en nuestra mente de la manera siguiente: al referirnos a energía y sustancia consideraremos lo que aún es intangible, y emplearemos la fuerza, en conexión con la materia, al tratar con el aspecto objetivo que estudian definidamente los científicos. Sustancia es el éter en uno de sus múltiples grados, subyacente en la materia misma.

Cuando mencionamos energía debe existir lo que energetiza esa fuente de energía y su origen, que se manifiesta en la materia. Esto es lo que trato de destacar. ¿De dónde procede esta energía y qué es?

Los científicos reconocen cada vez con mayor claridad las cualidades que el átomo posee, y convendría tomar los diversos tratados científicos que se ocupan del tema de la materia atómica, y observar cuál de sus numerosos y variados términos pueden ser a su vez aplicados al ser humano. He tratado de realizar esto en pequeña escala y me resultó muy iluminador.

Ante todo sabemos que al átomo se le atribuye energía y el poder de cambiar sus modos de actividad. Un autor lo ha dicho: "en todos los átomos del mundo se estremece una absoluta inteligencia". A este respecto señalaré que Edison, al ser entrevistado por un periodista de Harpen's Magazine en febrero de 1890, y al ampliar sus declaraciones en el Scientific American en octubre de 1920, en la primera entrevista dijo:

"No creo que la materia sea inerte y la mueva una fuerza externa. Me parece que todo átomo posee algo de inteligencia primitiva. Consideremos los miles de formas en que los átomos de hidrógeno se combinan con los de otros elementos para formar las diversas sustancias. ¿Quiere usted decir, dijo el periodista, que lo hacen sin poseer inteligencia? Los átomos en armónica y útil relación asumen hermosas e interesantes formas y colores, o exhalan un fragante aroma como si expresaran su satisfacción... , o unidos en determinadas formas, constituyen animales de orden inferior. Finalmente, se combinan en el hombre, que representa la total inteligencia de todos los átomos."

El periodista preguntó: Pero ¿de dónde procede originariamente esta inteligencia?
Edison respondió: "De algún poder superior a nosotros."
Entonces ¿cree usted en un Creador inteligente, en un Dios personal?
"Desde luego. La existencia de un Dios así, puede demostrarse, a mi entender, por medio de la química."

En la larga conversación publicada en 1920 en el Scientific American, Edison presentó un gran número de interesantes suposiciones, de las que extraje las siguientes:
  1. La vida es indestructible, como la materia.
  2. Nuestro cuerpo está constituido por miríadas de entidades infinitesimales, siendo cada una en sí, una unidad de vida, así como el átomo está constituido por miríadas de electrones.
  3. El ser humano actúa como un conjunto más bien que como una unidad. El cuerpo y la mente expresan la voz y el voto de las entidades de vida.
  4. Las entidades de vida construyen de acuerdo a un plan. Si parte del organismo vital es mutilado, lo reconstruyen exactamente como era antes...
  5. La ciencia reconoce la dificultad de trazar una línea entre lo inanimado y lo animado. Quizás las entidades de vida extienden sus actividades a los cristales y cuerpos químicos.
  6. Las entidades de vida son inmortales, de manera que por lo menos, en esta medida, la vida eterna es una realidad que muchos anhelamos.
En una alocución Sir Clifford Allbut, Presidente de la Asociación Británica de Médicos, tal como lo informó el Literary Digest del 26 de febrero de 1921, se refirió a la capacidad del microbio para seleccionar y rechazar, y en el transcurso de sus observaciones dijo:

"Cuando el microbio se aloja en el cuerpo puede estar o no a tono con algunas o todas las células con que hace contacto. Probablemente en ningún caso suceda algo morboso... , la morbosidad podría ocurrir entre el microbio y las células del cuerpo que están a su alcance y no a tono con él. Es razonable suponer que cuando un microbio se acerca a una célula corpórea puede atacarla de un modo u otro, entonces el microbio inocuo se convierte en virulento. Por otra parte las células pueden educarse para vibrar en armonía con el microbio disonante, o haber intercambio y adaptación mutua...

"Pero si esto es así, enfrentamos en verdad una maravillosa y amplia facultad, la facultad de elegir, y esta elevación desde el fondo de la biología a la cima -facultad formativa-, la autodeterminación o, si prefieren, la mente."

En 1895, Sir William Crookes, uno de nuestros más grandes científicos, dio una interesante conferencia ante un grupo de químicos de Gran Bretaña, donde trató la capacidad del átomo de elegir su propio camino, rechazar y seleccionar, y demostró que la selección natural se observa en todas las formas de vida, desde el átomo ultérrimo de entonces, pasando por todas las formas de existencia.

En otro artículo científico se reconoce que el átomo posee también sensación:

"La reciente discusión acerca de la naturaleza del átomo, que en una u otra forma debemos considerar como factores máximos de todos los procesos físicos o químicos, parece que podrá dirimirse mediante el concepto de que esas diminutas masas poseen -como centros de fuerza- un alma persistente, y que todo átomo tiene sensación y movimiento."

Análogamente Tyndall señala que hasta los mismos átomos parece que tuvieran "instinto con deseo de vida"

Si consideramos estas diferentes cualidades del átomo, como energía, inteligencia, capacidad de selección y rechazo, atracción y repulsión, sensación, movimiento y deseo, tendremos algo muy parecido a la sicología de un ser humano, aunque dentro de un radio más limitado y en grado más circunscrito. Por lo tanto, ¿no hemos llegado acaso, retrospectivamente, a lo que podría llamarse la siquis del átomo? Hemos visto que el átomo es una entidad viviente, un diminuto mundo vibrante, y que dentro de su esfera de influencia hay otras vidas, en análogo sentido en que el hombre es también una entidad o núcleo positivo de fuerza o vida, que mantiene dentro de su esfera de influencia a otras vidas menores, es decir, las células de su cuerpo. Esto atañe al hombre y, en la misma medida, al átomo.

Ampliaremos ahora el concepto del átomo y quizás lleguemos a la causa fundamental que encierra la solución de los problemas del mundo. El concepto del átomo como manifestación positiva de energía, que contiene dentro de su campo de actividad su polo opuesto, puede extenderse no sólo a todo tipo de átomo, sino también al ser humano. Podemos considerar a cada ente de la familia humana como un átomo humano, porque el hombre es simplemente un átomo mayor. Es centro de fuerza positiva que mantiene dentro de la periferia de su esfera de influencia las células de su cuerpo, y demuestra discernimiento, inteligencia y energía. La diferencia es sólo de grado. Posee una conciencia más amplia y vibra a una mayor medida que el diminuto átomo químico.

Podemos aún dilatar el concepto y considerar el planeta como un átomo. Quizás exista internamente en el planeta una vida que retiene en él la sustancia de las esferas y de todas las formas de vida en un todo coherente, con una específica esfera de influencia. Esto quizás parezca una disparatada especulación, pero si juzgamos por analogía, quizás exista en la esfera planetaria una Entidad cuya conciencia esté tan alejada de la del hombre, como la del hombre de la del átomo químico.

El mismo concepto puede ampliarse hasta incluir el átomo del sistema solar. En el corazón del sistema solar tenemos el sol, centro positivo de energía, que mantiene los planetas en su esfera de influencia. Si existe inteligencia en el átomo y la hay en el ser humano, si existe en el planeta una Inteligencia que controla sus funciones, ¿no sería lógico ampliar el concepto y afirmar que existe una poderosa Inteligencia detrás del átomo mayor del sistema solar?

Esto nos lleva finalmente al punto de vista sostenido por el enfoque religioso, de la existencia de un Dios o Ser divino, donde el cristiano ortodoxo diría reverentemente Dios; el científico, energía, con igual reverencia, y ambos significarían lo mismo. Cuando el maestro idealista habla del “Dios interno” que reside en la forma humana, otros con igual exactitud se referirán a la "facultad energetizadora" del hombre que lo impulsa a la actividad física, emocional y mental.

En todas partes existen centros de fuerza, y la idea puede ampliarse desde un centro de fuerza como el átomo químico, ascendiendo a través de los distintos grados y grupos de estos centros inteligentes, hasta el hombre, y de allí a la vida que se expresa por medio del sistema. Así se manifiesta el Todo maravilloso y sintético. Algo de esto pensaría San Pablo al hablar del Hombre celestial, y cuando mencionó el "cuerpo crístico", con toda seguridad se refirió a esos entes de la familia humana que están dentro de su esfera de influencia y constituyen Su cuerpo, así como el conjunto de células físicas forman el cuerpo físico del hombre. Es necesario, en estos días de trastornos religiosos, demostrar que las verdades fundamentales del cristianismo son verdades científicas. Por lo tanto, es preciso hacer científica la religión.

Hay una interesante escritura sánscrita que data de miles de años y me aventuro a exponerla aquí, y dice:

"Toda forma en la Tierra y toda partícula (átomo) en el espacio, se esfuerza en formarse a sí misma y seguir en el Hombre celestial el canon trazado para ella. La involución y la evolución del átomo... todo tiene un único y mismo objetivo, el hombre."

¿No se advierte que este concepto abre una gran esperanza? Todo átomo de materia con inteligencia latente, discernimiento, facultad selectiva, llegará en el transcurso de los eones a una etapa avanzada de conciencia llamada humana. Ciertamente podemos también suponer que el átomo humano progresa hacia algo aún más ampliamente consciente y que con el tiempo alcanzará la etapa de desarrollo de esas excelsas Entidades cuyos cuerpos constituyen los átomos planetarios. Cabe preguntarse, ¿qué les espera a esas entidades? Alcanzar ese estado omnincluyente de conciencia llamado Dios o Logos solar. Ciertamente es lógica y práctica esta enseñanza. La antigua y esotérica exhortación que dice al hombre: "Conócete a ti mismo, porque en tí hallarás todo lo Conocible", es la regla para el inteligente estudiante. Si nos consideramos científicamente centros de fuerza, manteniendo la materia de nuestro cuerpo dentro de nuestra esfera de control y actuando en y dentro de ellos, tendremos una hipótesis capaz de interpretar todo el plan cósmico. Si como insinúa Einstein, nuestro sistema solar es sólo una esfera, se deduce que éste a su vez es un átomo cósmico; así nos ubicaríamos dentro de un sistema aún mayor y tendríamos un centro alrededor del cual gira nuestro sistema solar, como lo hace el electrón respecto al átomo. Los astrónomos dicen que todo el sistema solar probablemente gire en torno de un punto central en el firmamento.

Así la idea fundamental que he tratado de destacar puede trazarse ascendiendo a través del átomo químico y físico, a través del hombre, de la vida energetizadora de un planeta, hasta el Logos, la Deidad del sistema solar, la Inteligencia o Vida, que subyace en toda manifestación o naturaleza, y de allí a un sistema mayor, donde nuestro Dios debe desempeñar Su parte y hallar el lugar que le corresponde. Si es verdad, es un maravilloso cuadro.

Ahora bien, no puedo tratar esta noche los distintos desarrollos de esta inteligencia que anima a los átomos; pero quisiera considerar brevemente lo que quizás, desde el punto de vista humano, es el método de su evolución, que tan íntimamente nos concierne, recordando que lo que es verdad para un átomo lo es en mayor o menor grado para el todo.

Al considerar ampliamente los átomos del sistema solar, incluyendo el sistema mismo, existen dos cosas notables:

Primero, la vida y la actividad intensas del átomo mismo y su energía atómica interna; segundo, su interacción con otros átomos -repeliendo a unos y atrayendo a Otros. De estos hechos podemos deducir que el método de evolución de cada átomo, se debe a dos causas: su vida interna y su interacción o intercambio con los demás átomos. Ambas etapas son evidentes en la evolución del átomo humano. Cristo puso el énfasis en lo primero cuando dijo: "el reino de Dios está en vosotros". Así adjudicó a los átomos humanos el centro de vida o energía dentro de sí mismos, enseñándoles que por medio de este centro deben expandirse y Crecer. Todos somos conscientes que estamos centrados en nosotros mismos, consideramos todas las cosas desde nuestro propio punto de vista, y los acontecimientos externos resultan interesantes siempre que nos conciernen. Tratamos las cosas si nos afectan personalmente, y en determinada etapa de nuestra evolución lo que le ocurre a los demás nos parece importante si nos atañe. En esta etapa se hallan muchos actualmente y es característica de la mayoría, siendo el período de intenso individualismo, donde el concepto yo es de suprema importancia. Involucra mucha actividad interna.

El segundo método de evolución del átomo humano es por medio de su interacción con los demás átomos, y esto es algo que recién ahora alborea en la inteligencia humana, asumiendo su justa importancia, pues sólo comenzamos a comprender la relativa significación de la competencia y de la colaboración, y estamos en vísperas de saber que no podemos vivir egoístamente, en forma independiente del grupo al que pertenecemos; empezamos a aprender que si nuestros hermanos se detienen y no progresan y si otros átomos humanos no vibran debidamente, cada átomo del cuerpo colectivo es afectado. Nadie será perfecto hasta que las demás unidades alcancen el más pleno y completo desarrollo.

En la próxima conferencia me extenderé algo más sobre esto, cuando me ocupe de la construcción de la forma. Al finalizar esta conferencia trataré de llevar a sus conciencias un conocimiento del lugar que cada uno ocupa en el esquema general, lo cual nos permitirá comprender la importancia de la interacción de los átomos. Trato de señalar la necesidad de descubrir el lugar en el grupo al que por naturaleza pertenecemos, donde somos como electrones para la carga positiva y, una vez descubierto, realizar nuestra tarea dentro del átomo mayor, el grupo.

Esto hace que la hipótesis no sea un mero sueño descabellado sino un ideal útil y práctico. Si es verdad que todas las células de nuestro cuerpo son, por ejemplo, electrones que mantenemos en coherencia, y si somos el factor energetizador dentro de la forma material, es de suma importancia reconocerlo y ocuparnos correcta y científicamente de esa forma y sus átomos. Esto implica el cuidado práctico del cuerpo físico y la adaptación inteligente de toda nuestra energía al trabajo que se debe realizar y a la naturaleza de nuestro objetivo, pues es necesaria la sensata utilización del conjunto de células, nuestro instrumento o herramienta, y nuestra esfera de manifestación. Muy poco sabemos sobre esto. Cuando se desarrolle este concepto y se reconozca al ser humano como un centro de fuerza, cambiará fundamentalmente la actitud de las personas respecto a su trabajo y modo de vivir. Cambiará, por ejemplo, el punto de vista del campo de la medicina y se estudiarán los correctos métodos para utilizar la energía. No habrá enfermedades causadas por la ignorancia y se estudiarán y practicarán los métodos de transmisión de fuerza. Seremos entonces verdaderamente átomos inteligentes, algo que aún no somos.

No sólo seremos prácticos para manejar nuestro cuerpo material, pues conoceremos su constitución, sino que conscientemente hallaremos nuestro lugar en el grupo y dirigiremos nuestra energía para su beneficio, y no como ahora para nuestros propios fines. Muchos átomos no sólo poseen vida interna propia, sino que la irradian, y así como la radiactividad se va comprendiendo gradualmente, también se estudiará al hombre como centro de radiación activa. Estamos en vísperas de admirables descubrimientos; nos acercamos a una maravillosa síntesis del pensamiento mundial; avanzamos hacia ese período en que la ciencia y la religión se ayudarán mutuamente, y la filosofía contribuirá al conocimiento de la verdad.

El empleo de la imaginación abrirá con frecuencia una maravillosa visión, y si esta imaginación se basa en lo esencial y comienza con una hipótesis lógica, quizás nos lleve a solucionar algunos de los enigmas y problemas que perturban hoy al mundo. Si las cosas son misteriosas e inexplicables para nosotros, será porque la gran Entidad que se manifiesta por medio de nuestro planeta está llevando a cabo un propósito y plan definidos, análogamente a como lo hacemos en nuestras vidas. A veces llevamos el cuerpo físico a situaciones donde le producimos dificultades dolorosas y agobiadoras; aceptada la hipótesis tratada, es lógico suponer que la gran Inteligencia de nuestro planeta también lleva su cuerpo de manifestación -que incluye la familia humana- a situaciones angustiosas para los átomos. Ciertamente es lógico suponer que el misterio de cuanto vemos a nuestro alrededor está oculto en la voluntad o inteligente propósito de esa Vida mayor que actúa a través de nuestro planeta, como el hombre actúa a través del cuerpo físico. Sin embargo, esa Vida, esa Inteligencia superior a la nuestra, es un átomo de una esfera aún mayor, donde mora el Logos solar, la inteligencia que contiene todas las vidas menores." 

(*) Este artículo fue publicado en fecha 15/01/2015 en el blog "En Compañía del Alma"

viernes, 8 de septiembre de 2017

LA CONCIENCIA DEL ÁTOMO - El Campo de la Evolución (II) (Alice A. Bailey) - Reflexiones Personales y Síntesis -




(En cursiva, párrafos que por su relevancia me ha parecido importante transcribirlos literalmente)

*   Las preguntas del por qué de la vida y de la existencia, aunque no están resueltas, en la actualidad son más fáciles de afrontar gracias a la luz aportada tanto por la ciencia como por la filosofía y la religión.

*   Las preguntas fundamentales que todos nos hemos planteado en alguna ocasión (el por qué del sufrimiento, el propósito de la existencia, de dónde venimos y hacia donde vamos, existe vida después de la muerte, etc.) podrían agruparse en tres formas diferentes de entender las mismas:

  • El Realismo o materialismo, según el cual solo existe lo que es perceptible por los sentidos y demostrable empíricamente, pero no da respuesta alguna al por qué, y qué es lo que se oculta detrás de toda forma de manifestación y vida.

  • El Sobrenaturalismo (que quizás también podríamos definirlo como religión), el cual postula que existe algún tipo de fuerza o energía que, aunque desconocida e imperceptible por los sentidos, mueve y anima toda la materia de la que consta el Universo. A esta energía o fuerza se la denominaría Dios, y seria Éste el que, por motivos que escapan a la comprensión del ser humano, habría creado todo lo existente aunque se mantendría al margen y fuera de su creación como entidad separada.

  • El Idealismo, el cual indica que existe un proceso evolutivo en toda manifestación y que la misma Vida que forma el conjunto de la manifestación evoluciona conjuntamente con ella.

*   Cada uno de estos tres puntos de vista, por sí solos, no dan explicación a todas nuestras preguntas, pero quizás uniéndolos y sintetizándolos pudiesen ofrecernos una luz mas completa de la realidad.

*   Uno de los motivos del porque nos cuesta entender todo esto podría residir en el hecho de que nos hallamos en un periodo de transición y el desarrollo del Plan aún es imperfecto (el desarrollo, no el Plan mismo). Nos encontramos inmersos en ese Plan y tenemos una perspectiva limitada desde nuestra posición. Si pudiésemos observarlo en su totalidad y dispusiésemos de una capacidad de entendimiento apropiado a nuestro desarrollo evolutivo, probablemente comprenderíamos el mismo con mayor facilidad.

*   Aunque no pueda demostrarse (todavía) la existencia de Dios o de una Entidad Inteligente mas allá de nuestra comprensión, la hipótesis de su existencia es razonable y podría desvelar todos aquellos misterios que nos abruman e impiden comprender el Plan.

*   Una definición del proceso evolutivo podría ser: "el desenvolvimiento de un continuo y creciente poder de responder. Entraña el concepto de vibración y la respuesta a la misma.”

*   “La misma definición es muy valiosa al considerar la conciencia humana. Implica la idea de una creciente y gradual comprensión, de una respuesta, en desarrollo, de la vida subjetiva a su medio ambiente, que eventualmente conducirá hacia arriba, al ideal de una existencia unificada, síntesis de todas las líneas de evolución, y al concepto de una Vida central o fuerza que fusiona y mantiene coherentes todas las unidades evolucionantes, sean de materia, como el átomo del físico y del químico, o unidades de conciencia, como los seres humanos. Esto es evolución, el proceso que desenvuelve la vida dentro de las unidades, el anhelo en desarrollo que oportunamente fusiona unidades y grupos, hasta obtener la suma total de manifestación, denominada Naturaleza o Dios, el conjunto de todos los estados de conciencia.”

*   Esto es evolución, el proceso que desenvuelve la vida dentro de las unidades, el anhelo en desarrollo que oportunamente fusiona unidades y grupos, hasta obtener la suma total de manifestación, denominada Naturaleza o Dios, el conjunto de todos los estados de conciencia.”

*   “A este Dios se refieren los cristianos cuando dicen: "en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser". Ésta es la fuerza o energía reconocida por los científicos. Ésta es la Mente Universal o Super-alma del filósofo y también la inteligente voluntad que todo lo rige, une, construye, desarrolla y lo lleva a la máxima perfección.”

*   Otra definición de la evolución es “desarrollo cíclico”. “La naturaleza se repite continuamente hasta alcanzar determinados fines y obtener ciertos resultados concretos y respuestas a la vibración.”

*   Atracción y repulsión en el sistema solar, es sólo la facultad de discernir que poseen el átomo o el hombre, manifestada en los planetas y en el sol.”

*   Atracción y repulsión existen en los átomos de todo tipo; podría llamársele adaptación o poder de crecer o de adaptarse el ente a su ambiente, por el rechazo de ciertos factores y la aceptación de otros.”

“En el hombre común se manifiesta como libre albedrío o la facultad de elegir, y en el hombre espiritual como la tendencia al sacrificio, porque el hombre elige una particular línea de acción a fin de beneficiar al grupo al cual pertenece, y rechaza lo estrictamente egoísta.”

*   Podemos definir finalmente la evolución como un ordenado cambio y constante mutación, demostrados en la incesante actividad de la unidad o del átomo, en la interacción de los grupos y en la interminable acción de una fuerza o tipo de energía sobre otra.”

*   “La evolución, sea de la materia o de la inteligencia, conciencia o espíritu, consiste en el siempre creciente poder de responder a la vibración que, mediante un constante cambio, progresa por la aplicación de una política selectiva o el empleo de la facultad discernidora y por el método de desarrollo cíclico o de repetición. Las etapas que caracterizan al proceso evolutivo podrían clasificarse en tres, y corresponden a las de la vida del ser humano: niñez, adolescencia y madurez. Podemos expresar estas tres etapas en términos más científicos y vincularlas con las tres escuelas de pensamiento referidas, y las analizaremos como:

a. La etapa de energía atómica
b. La etapa de coherencia grupal.
c. La etapa de la existencia unificada o sintética.”

*   La etapa de energía atómica concierne mayormente al aspecto material de la vida y corresponde al periodo de la niñez en la vida del hombre o de una raza. Es el período de realismo, de intensa actividad, y ante todo de desarrollo mediante la acción, de pura autocentralización o autointerés. Produce un punto de vista materialista y conduce inevitablemente al egoísmo. Involucra el reconocimiento de que el átomo se basta a sí mismo y que análogamente las unidades humanas tienen vida separada independiente de las demás unidades, sin relación entre sí.”

“De este período atómico y egoísta surge otra etapa, la de la coherencia grupal, que se supone la construcción de formas y especies hasta obtener algo coherente e individualizado, pero constituido por multitud de individualidades y formas menores. En conexión con el ser humano corresponde a su conocimiento incipiente de la etapa de responsabilidad y al reconocimiento del lugar que le corresponde dentro del grupo. Requiere del individuo la capacidad de reconocer una vida superior a la suya, ya se la denomine Dios o se la considere simplemente como la vida del grupo, al cual pertenecemos como unidad, esa gran Identidad de la cual formamos parte.”

“La primera etapa o atómica, se desarrolló por el egoísmo o la vida autocentrada del átomo, sea el átomo de la sustancia o el humano; la segunda etapa llega a la perfección por el sacrificio de la unidad, en bien de los muchos, y del átomo, en bien del grupo, en el cual tienen cabida.”

“La tercera etapa está aún muy lejana, y algunos la consideran como una vana quimera. Otros poseen la visión y, aunque inalcanzable ahora, es lógicamente posible si nuestras premisas son exactas y sentamos correctamente las bases de la existencia unificada. Entonces no sólo habrá unidades independientes, átomos diferenciados en la forma, grupos constituidos por multiplicidad de entidades, sino que tendremos el conglomerado de formas, grupos y estados de conciencia, fusionados, unificados y sintetizados en un todo perfecto, denominado sistema solar, naturaleza o Dios. Los nombres no tienen importancia. Corresponde a la etapa adulta del ser humano; análoga al período de la madurez y a esa etapa donde se supone que el hombre tiene un propósito y trabajo definido en la vida.”


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